Desmontando la superación. DTS 2017

El pasado 4 de marzo, Inma Marín me invitó a participar, contando mi historia como buceadora, en una charla en el Dive Travel Show para presentar su proyecto ‘she liv.es.’

El tiempo era muy limitado y éramos muchas asique fui rápida en mi presentación.

Os dejo aquí, el video que proyecté y algunas reflexiones que quería compartir y se quedaron en el tintero y que así también puedo compartir con quien no vino.

Gracias por acompañarme a los que estuvisteis y a Paula por este maravilloso video.

DESMONTANDO LA SUPERACIÓN

La propuesta de plantear que quien ha buceado conmigo en su mayoría lo ha hecho por puro placer me puede llevar a ser apedreada por quienes saben del esfuerzo que supone meterme al agua, pero sin quitarle miga a lo conseguido trataré de explicarme.

Tras cinco años de historietas de viajes de buceo creo que en general el mar nos apasiona a todos porque pone de manifiesto que nos necesitamos para mucho y que para disfrutar de algo tan hostil como es el mar, funcionar en equipo permite el disfrute. En parte, creo que nos gusta darnos cuenta de esto, porque la tierra es igual o más hostil, y en ella nos adiestraron para digerir demasiadas cosas de forma individual y autosuficiente, aunque esto es otra historia.

Podría con esto afirmar que no buceo por tener sensación de libertad sino por perder el control y sentirme en las  manos de quien decido confiar.

Continuando con la idea de necesitar de muchos debajo del agua caigo en la falacia de la superación, que se ha asociado en este mundo a mi persona.

La superación, a mi parecer, al menos como un concepto que se logra de forma individual y pese a todo, es una mentira peligrosa, ya que supone un sobreesfuerzo agotador y nos impide mostrarnos débiles y vulnerables, algo que también necesitamos decirnos para no creernos tan capaces y poderosos. Pese a todo y por encima de todo, no puede ser un buen mensaje.

Por eso creo que bucear conmigo no es solo una cuestión de superación por mi parte y de solidaridad de los demás. Creo que nos supone un nuevo reto que nos apetece, a quien le apetece, y se logra en conjunto por darnos un gustazo, por placer, por placer en equipo.

¿Gozamos? Gracias a todos los que lo hicisteis conmigo.

 

COSTA RICA MÁS ALLÁ DE LA ISLA DE COCOS

Publicado en:Escapate 21

“…pero así fue nuestro viaje de buceo a Costa Rica, en el que planeamos un viaje cruzándonos el país en coche y buceando en las islas remotas de Islas tortuga e Isla del Caño, con la osadía de saltarnos premeditadamente la Isla de Cocos y sus trescientos tiburones martillos, para emocionarnos con un arlequín que paraba en El acuario, un punto de buceo en el Pacífico Costarricense”.

cr-parque-nacional-marino-ballena-05

Una de las grandes mentiras del buceo es que para practicarlo y considerarse buceador haya que irse a la última isla, la más remota del Google Maps para poder decir: “Sí, me fui de viaje de buceo”.

También es mentira que tengas que realizar una media de tres inmersiones de buceo diarias como mínimo durante una semana, parando sólo para comer y a actualizar el logbook, para poder contar con la boca grande lo que se ve en la temporada primavera-verano en el destino elegido.

Otros lo que practican es una de peinar las costas y  darle más de una vuelta, aprovechando que la península ibérica es eso, una península, y que además esta al sur de Europa y tiene periodos de agua calentita.Dentro de esta tipología hay unos más radicales, de los que se podrían tatuar animales marinos y meterse en trajes secos en repetidas ocasiones, que recorren nuestras costas saltándose canarias durante todo el año, y diciendo con orgullo en febrero:  “Sí, este fin de semana también fui a bucear”.cr-puerto-viejo-26

Por una cuestión de seguir escribiendo en este medio, no voy a comentar más de estos especímenes que abundan como lectores de esta revista, y porque yo también he pecado de superbuza con frío y por vicio y no voy a renegar de mi pasado por si vuelve, pero en este momento de mi vida como buceadora, practico una última modalidad alejada de todas estas y que marcará la narración de mi viaje a Costa Rica, que es el cometido del presente artículo.

Esta modalidad podría descansar en un “porque tu puedes hacerlo” o en un más áspero “porque  tú puedes permitírtelo” pero que recae en su realidad, en una evolución y en una fuerte convicción moral en la que ando trabajando últimamente y que ayuda a frenar el mundo desquiciado en el que andamos subidos: la clave no esta tanto en lo que puedes hacer, como en hacer lo justo para encontrarse bien, como quien saborea un plato degustación que sin ser más grande que una aceituna esta viviendo una experiencia culinaria.

De esta forma, hay especímenes que nos vamos de viaje a la otra punto del atlántico días y días y buceamos seis veces, y además descaradamente, verbalizamos que entre otras cosas fue un  viaje de buceo. Puedo decir que no buceé más  porque no lo considere necesario y mi condición de tetrapléjica no fue una excusa.

Aclarado esto, habrá quien me mande un montón de mierdas con ojos o un puñado de bailarinas sevillanas, pero así fue nuestro viaje de buceo a Costa Rica, en el que planeamos un viaje cruzándonos el país en coche y buceando en las islas remotas de Islas tortuga e Isla del Caño, con la osadía de saltarnos premeditadamente la Isla de Cocos y sus trescientos tiburones martillos, para emocionarnos con un arlequín que paraba en El acuario, un punto de buceo  en el Pacífico Costarricense.img_9137

Tras llegar en ferry a la península de Nicoya, el centro de buceo que nos llevó a Islas Tortuga no necesitó de grandes infraestructuras para sorprendernos, de hecho, se componía de una pequeña caseta que tenía la magia de estar dentro de la reserva de Curú. Muchos de los animales que prometían las guías y salían dibujados en las entradas de los infinitos parques naturales que hay en el país, se nos habían resistido a la vista para sorprendernos allí revisando los equipos. Un mapache, un cervatillo y varios  monos nos observaron más atentos que un alumno de open wáter.

 Recuerdo ir en la zodiac con una sonrisa y la brisa en la cara, a lo que se sumaron las historias que el patrón nos contaba sobre ballenas jorobadas, a gritos y en lucha con el motor por ser escuchado. Estaban en época de cría, y aunque no pudimos verlas, nos emocionó escucharlas durante las inmersiones y saber que estaban cerca.cr-camino-islas-tortuga-06

Antes de ir a los puntos de buceo paramos frente a Isla Tolinga. La imagen era la portada de cualquier revista de vacaciones de sol y playa; arena blanca, palmeras y agua turquesa y calentita, con la diferencia de que los que estábamos allí éramos nosotros, en un aquí y ahora en el que no nos importó esperar a otro buzo un rato lo suficientemente largo para poder convertirse, a la madrileña, en una de insultos y berridos, pero que allí, en el agüita sospechosamente calentita del sorty, fue pura vida y calmita costarricense.

Ya en el punto de buceo, una entrada algo caótica, fue el previo al mar de fondo que no nos abandono en toda la inmersión y que subió el estatus de la segunda, de la que salíamos más contentos. Peces loro, peces Ángel y Mariposa, cirujanos y algún tiburón punta blanca, fueron los bichos que el Pacifico quiso enseñarnos. En una valoración de éstas que hacemos los buzos, en las que hasta ponerse el neopreno se recuerda  con gusto. Fue un buceo perfecto por mucho más que lo que se ve dentro del agua.

Tras el primer contacto con el buceo, nos dimos un tiempo en superficie de 4 días en el que bajamos toda la costa del Pacifico para llegar a la península de Osa y cruzar desde Bahía de Drake a Isla del Caño. A medio camino, comiendo en Uvita tras ver la playa de Marino Ballena, donde puedes ver como al subir la marea desaparece un espigón de arena y se enfrentan las olas de dos playas, y mientras veíamos jarrear agua sin intención de parar, el camarero nos avisó de los cinco ríos que el 4×4 que llevábamos tenía que pasar para llegar a Drake. Sin dejar de oír caer el agua a cubos, decidir si arriesgarnos a cruzar para llegar el día de buceo programado solo tenía una opción, esperaríamos al siguiente día.img_9070

Pasamos un río, y otro, y otro, hasta pararnos dudando desafiantes en el quinto y último, donde una ranchera  nos adelantó y como Moisés nos abrió paso para que consiguiéramos llegar a Drake, que tras todo el turismo visto los días anteriores, nos pareció, con sus calles de tierra y poco de todo, el rincón perdido de Costa Rica.img_9145

Al día siguiente, desde Drake a Isla del Caño una hora de trayecto en lucha con el Pacífico me movía  sentada en mi silla de un lado a otro y me hubiera sacado por la borda si no hubiera sido por el puñado de pies y manos que apretaban la silla contra el suelo. Cada vez que poníamos la sonrisa que debía de ser recompensada con una brisa marinera, el mar que no hace justicia a su nombre, nos vomitaba agua de frente, rompiendo el encanto y desmontando mi bucólica imagen de ir en barco. Al día siguiente se aderezó con una lluvia intensa  que no paró hasta que entramos en el agua. Humedad del 100% para aliviar nuestras contaminadas pituitarias nasales.

Los dos días que buceamos en la Isla de Caño comenzaban pasados por agua, pero al salir del agua se transformaban el días soleados frente a una isla desierta, borrando las partidas de turistas que traían pequeñas embarcaciones, que pese a no ser pocos, pasaban desapercibidos a la vista entre la inmensidad de vegetación de la isla.img_9074

Los puntos de buceo nos ofrecieron más visibilidad y más vida que en la península de Nicoya y donde entre tortugas, peces globo, langostas, peces cubo, barracudas, rayas, morenas, erizos y estrellas de mar, una cantidad de  tiburones  punta blanca no dudaron en mirarnos a la cara y deleitarnos con un baile de aletas que envidiarían muchas caderas.img_9125 Haciendo las paces con el Pacífico, el último día nos dio un viaje tranquilo de vuelta a la bahía, en el que pudimos ver los enormes lomos de varias ballenas jorobadas.img_9161

Nos despedimos de Drake con un atardecer inmenso que cambiaba de color con cada parpadeo y nos dirigimos al último lugar de buceo que habíamos programado, en la zona de limón en Puerto Viejo de Talamanca, al otro lado del país en el Caribe.

Tras cruzar el Cerro de la Muerte, que me permite con el nombre ahorrarme la narración y más de dos semanas de viaje, los costarricenses afrodescendientes de los habaneros, nos esperaban con reggae, cervezas fresquitas en pequeñas playas y sobornos con guanábanas, mangos y jugos de papaya, a lo que nos rendimos, y el buceo se redujo a un maravilloso baño nocturno con la ultima luna llena que veríamos desde Costa Rica, sin prestar atención al acecho de los mosquitos que despuntaban con la caída del sol.

Podría decir que la pura vida es como quién se compra un ordenador un sábado después de un Black Friday, pero sin sentirte estúpido, porque hacer lo que quieres cuando quieres  puede que sea inteligente a veces y esta infravalorado en nuestro paraíso del consumo y la prisa.

Gracias hermano por querer seguir haciendo el mono conmigo siempre, a Maria por ser una tremenda profesional y a Javi por seguir escribiendo historias de sirenas.

Sudando en el hielo

Muchas manos sostuvieron mi cuerpo hasta que llegó al agujero en el hielo y las que no lo sostuvieron cubrieron las necesidades de las que lo hicieron.

Comenzamos el día pronto, vistiéndome para ir a la nieve en una cama bajita a golpe de riñón de asistente.

1,2,3, y ya estaba en la silla manual, desde donde esperé al siguiente transporte con las ruedas en la nieve.La mañana se iba despejando y hacia hueco a un sol que nos acompañó toda la mañana. Una foto, una risa, uno tirado hacía el ángel, otro se intentaba abrochar el botón del pantalón de nieve de su mujer, y el más loco, revisaba las suelas de sus botas, no fuera a entrarle agua.

Una parte esperábamos la moto de nieve y otra parte del grupo ya estaba de camino subiendo con unas raquetas.

1,2,3, y otros dos pares de riñones me tumbaron en una camilla, donde fui dulcemente momificada en un saco y atada con unas cinchas por las manos de una conductora francesa, que me prestó sus gafas para protegerme de la nieve. Enganchada la camilla a una moto de nieve, subí por las pistas de esquí viendo las cimas de las montañas blancas pasar velozmente de camino al lago helado, donde nos habíamos propuesto meter la cabeza.montañas del PIAU

Era una logística compleja,  una vez abandonara mi silla, tenía que ir de la moto al lago, pasando por ponerme un traje seco. Pero para cuando llegué, parte del grupo ya habían preparado una improvisada cama para cambiarme en el modulo de madera calefactado que hacía las veces de club de buceo.

1,2,3, y estaba rodeada de brazos que se movían por la nieve llevándome de camino al improvisado vestuario, donde tres mujeres entre sudores y risas, a modo de haman, me enfundaron en un mono plastificado relleno de una especie de manta del sofá, que llaman “rata”.

Tiraron de un pie y del otro, tiraron.

A pesar de tardar un siglo en avanzar cada centímetro de mis piernas, “la rata” no consiguió que nadie cesara en su empeño de meterme en el traje, y ante la mirada de alguno que pasaban y más manos espontaneas que se lanzaban a la batalla, cedió y entró. No fue menos parto el traje seco, un mono de neopreno de un plástico más duro que el delantal de un pescadero, que te sella del paso del agua.

Una mano abría un poco el cuello para darme aíre, mientras otras, terminaban de tirar.

Por último, las manoplas y las dos capuchas, que puestas, hacían bombear tanta  presión a mis cuencas oculares que, apunto de estallar, pedían entrar en el agua.

Calor y presión, y ni gota de frío.Llegando al hielo

1,2,3 y otro montón de manos me llevaron a recorrer los últimos metros hasta el agujero, me sentaron en el borde y unos brazos me rodearon, hasta que con el equipo puesto, me sostuvo la botella clavada en la nieve.

Ya solo un par de manos más para escurrirme del hielo al agua, otra para ponerme el regulador, otra para llevar la grifería, otra para compensar, otra intentando bajarme las piernas, otras tantas más volviendo a intentar bajarme las piernas que se resistían, una cuantas vueltas en la superficie y una salida para solventar problemas técnicos, y mi cabeza estaba finalmente debajo del hielo donde el instructor cogió una de mis mano y la pasó por el hielo ante mi mirada, que me veía tocar el hielo, tocar el hielo con una sola mano.dentro del hielo

 

Gracias a Ester, que no dudo en incluirme en el  grupo de expedición a la estación de esquí del Piau-Engaly, donde una cadena de locos maravillosos me llevaron a disfrutar del sábado más intenso de mi historia de buceadora.

Bucear en el hielo me parecía una locura increíble que podía pedir bien alto porque nadie me iba a oír más lejos de mi imaginación. Una de esas cosas que veo que hacen otros buceadores y que no son para mi.

Puedo quitarle hierro y obviar la necesidad de dar las gracias, pero no me sale, me supera, llego a pensar, que he encontrado gente que tiene más clara mi inclusión en el buceo, que yo misma.

Gracias a Oceánides, a Highlife y  a Buceo Piau-Engaly

A Javi, siempre y a María.

Y, a cada espontáneo que me robo una sonrisa.Elena después del hielo

Pájaros enormes

 Pedro me señala al horizonte, a mi izquierda.

Habíamos ido a buscarlas lejos de la costa y parecían haber aceptado la cita. La corriente nos había alejado algo del cabo cuando vinieron lejanas hacia nosotros, una y otra y otra seguida de otra. Se seguían con un pausado y ensayado movimiento en las alas. Unas alas enormes que ganaban majestuosidad al acercarse.

Seres amorfamente lindos que tenían alas para moverse,  con las que abrían un espacio que marcaba  un invisible  camino en el gran azul. Volaban en el mar y volaron pasando tan cerca, como para tocarlas si mi tríceps apagado hubiera estirado el brazo. Tan cerca, que tuve que apartar la cabeza para no llevarme un aletazo. Eran pájaros enormes con aletas tan grandes como yo misma. Alas con piel de tiburón, suaves y lisas, siempre brillantes por el baño del agua.

La imaginación parecía no poder inventar un animal tan fascinador como había creado la diversidad del mar. Sus caras eran completamente desconocidas. Una gran boca, bajo dos pequeños ojos muy separados que sobresalían de su cara como en dos puntas de lanza, cada uno en una arista. Grisáceas en el lomo y blancas al dorso, donde sus branquias hacían sospechar que era un pez. Su cara y cuerpo era uno, que continuaba con dos grandes alas de tiburón triangulares y una fina y larga cola. Tan fantásticas como para amarlas, extrañas, diferentes y tan raras como yo para ellas.

A una profundidad de menos de diez metros, iban y venían acompañadas por enamoradas rémoras que saltaban de una a otra. Se movían con una armonía que me permitía disfrutarlas, mirarlas en multitud de distancias y en varios planos para luego desaparecer en una inmensa panorámica azul.

Un encuentro entre extraños al que me enganche, para repetir  y que no me hubiera importado alargar a la eternidad.

manta-raya 1 con marca de agua

 

manta-raya 2 marca de agua

Buceando con las bragas secas o ¿no?

Si alguien nos dice “estuve buceando este fin de semana” nuestra mente visiona un tipo mojado hasta las orejas llevando unas antiestéticas gafotas con un tubito pegado a un lado de las mismas de un estridente color fosforescente, neopreno negro y unas aletas de un color de una escala cromática muy alejada de la del tubito. Esta visión forjada en nuestra retina desde la infancia por Playmobil (1) y compañía (2) dista mucho de los buzos actuales que ahora parecen más bien astronautas y tienen más complementos que la Barbie (3). Uno de sus básicos para la temporada de otoño-invierno, es una traje con el que se puede salir del agua con las bragas secas. Se conoce comúnmente y sin más nombres como: Traje seco (4). Lo descubrí no hace mucho, lo probé en la piscina y buceé con él en el mar a principios de Semana Santa en Jávea.Javea - Anémona

El agua estaba a 15 grados, una temperatura perfecta para pasar frío buceando y comprobar si las virtudes de mi recién adquirido traje seco eran reales. Si conseguía el milagro de no pasar frío, soñar con bucear en el norte de la península, en el Atlántico o bajo el hielo podrían convertirse en locuras realizables para mí.Saludo al sol

Salimos el sábado a las tres de la mañana de Madrid para bucear en Jávea a las nueve. El plan inicial no era tan masoquista pero mi intestino, que es uno de mis enemigos más fieles, volvió a decidir tenernos esperándole.

Primer día de inmersiones. Llevaba unas mallas térmicas, un pantalón de chandal de la XL de algodón del güeno y doble de calcetines, bien estirados por encima del pantalón, camiseta térmica y para terminar la cebolla, un forro polar.

Mi traje seco es como uno de esos pijamas de bebé que llevan cubiertos hasta los piececitos pero de neopreno grueso negro azabache, con manguitos mucho más estrechos que mi mano, un cuello con la posibilidad de dejarte sin riego cerebral y una cremallera de latón en la espalda de hombro a hombro que te encierra en el sofisticado conjunto.

El traje secoComenzamos el ritual de ponerme el traje. Mi asistente iba metiendo el traje mientras una amiga y otros buzos espontáneos del centro de buceo tiraban de mis piernas y me alzaban para meter el traje hasta la cintura y quedarme arreglada para la fiesta en mi silla. Los últimos retoques; gafas, manoplas, capucha y meter la cabeza por ese agujero de neopreno del infierno, lo dejamos para la zodiac.

A la zodiac subí sin mi silla. Pusimos mi cojín en el suelo, me despatarré y apoyé mi espalda en el flotador (5) con Javi sentado detrás para evitar que mi cuerpo terminara clavado contra una botella de doce o si se decidía por tirarse a la derecha, con los dientes en los pies (6) del patrón. Rumbo al punto de inmersión.

Ahí estaba, metiendo mi cabeza en ese cuello primo hermano de los corsés de principios del XIX, disfrutando de una brisa primaveral, que llevaba mis cabellos hacia mi boca y que no sería mi amiga cuando saliera del agua con la nariz helada.

Me fueron escurriendo de la embarcación hasta notar el agua fría en mi nuca y en mi cara. Me cuestioné la necesidad de pasar por eso, hasta que me sumergí. Hicimos dos inmersiones ese día. Javi controlaba mi traje, el suyo, ambos jackets (7) y mi compensación (8). Fueron inmersiones complejas y sí, pasé frío en el agua y fuera, pero no me quitaron las ganas de repetir al día siguiente. Soy una jonki (9) del buceo.

El domingo, segundo día de inmersiones, repetimos la jugada haciendo unas mejoras. Apretamos una válvula por la que me había entrado agua el día anterior y me puse doble de ropa. Como muy bien me enseñó mi madre, mi maleta para 2 días llevaba una buena dosis de por sí acasos (10) entre los que había un arsenal de ropa térmica.Javea - Los Arcos

El viento andaba tranquilito y le permitió al sol calentarnos un poco, antes y después de las inmersiones. La grifería (11) la agarraba Deiviz y se encargaba del jacket. Javi controlaba el aire del traje. La compensación quedó en manos del primero que veía mi señal.

Las inmersiones habían ido bien, pero me quedaba la prueba final; ¿había conseguido bucear con las bragas secas? Al quitarme el traje en el centro comprobamos que sí, seca por todos los lados. Me hubiera podido ahorrar el engorro de cambiarme de ropa, pero las tres capas térmicas no eran el modelo adecuado para ir a comer cerca de la playita.

Creo que puedo decir que demostré tener los ovarios bien gordos, con un equipo fantástico para echarme un cable, pero faltaría a la verdad si no dijera que había otros dos ovarios más gordos cerca mío, los de mi asistente personal Noelia, que aguantó el tirón de levantarse el sábado de madrugada, dormir poco al día siguiente, aguantarme y ponerme el traje y esperar en la zodiac con vientos y soles, a que yo realizara mi prueba de fuego.

Espero que mis bragas secas me acompañen en más inmersiones y me permitan ir con ellas bajo el hielo.

 


Notas al pie

  1. Clics.
  2. Arganboy, madelman, actionman
  3. Muñeca culturalmente endosada a las niñas y preferida por los niños.
  4. Indumentaria de buceo de neopreno o ¿trilaminada?, que, inflándose por una válvula y desinflándose por otra para crear una capa de aire, te da aspecto de muñeco Michelin y te mantiene más calentito, te aísla del agua y te permite abrigarte con ropa y ropa poseído por el miedo a pasar frío a temperaturas no gratas. En la teoría.
  5. Borde circular relleno de aire que rodea toda la zodiac (es casi toda ella) en el que se depositan los pasajeros, buzos y no buzos, los cuales se agarran por medio de cuerdas cuando las olas les hacen brincar. Unos ríen jovialmente como si estuvieran en la intimidad de sus habitaciones, anhelando o recordando. Otros van pasando de blanco a azul y acercando sus futuras vomiteras a la boca.
  6. Volumen en litros del recipiente que se utiliza más comúnmente. También pueden usarse de 10 litros para los que consumimos menos, 15 para los que consumen más o combinaciones de “bombonas” (utilizar la palabra bombona rechina a los buceadores, pero es mi texto y defino como quiero). Los más frikis o profesionales bucean con más bombonas que las que puedo contar con mis manos, se las ponen a los lados, a la espalda; a estas práctica la llaman bucear en sidemount, backmount … etc, etc. También se las cruzan e incluso hacen trenzas de raíz con ellas. Llegandoa llevar hasta una procesión de tanques (nombre utilizado en Latinoamérica).
  7. Chaleco sin mangas que se hincha y se deshincha manualmente y permite a los buceadores subir y bajar del fondo del mar.
  8. Forma de igualar la presión que se genera en los oídos al bajar durante la inmersión. La forma más común es que el buceador/a se presiona la nariz para liberar la presión de los oídos. A mí, me la presionan.
  9. Persona/personaje enganchado a algo. Nombre mal asociado a enganchado a las drogas porque proliferan los enganchados a cosas muy diversas.
  10. Enseñanza familiar que me persigue. Costumbre enfermiza de llevar muchas más cosas de las que uno necesita, justificando el exceso con un millón de situaciones que podrían pasar hipotéticamente.
  11. Llave de la botella de buceo que nunca debes cerrar bajo el agua y lugar de agarre del buceador que me lleva en mis inmersiones.

59 segundos

La verdad es que llevo muchos meses metida en mis cosas. El buceo es para mí una de ellas. Una de esas cosas que no son una obligación, ni exigencias del guión, ni una carga familiar o un trabajo a disgusto, si no un placer, y qué placer.Mexico 2014 - Cenote The Pit - 163 - A Comencé el año con un mes en México tirando el dado de un cenote a otro, así que no tengo ninguna queja, me siento muy muy afortunada. Después de un viaje largo vuelves a tu rutina y la verdad es que, aún teniendo mucho material que contar sobre México, había dejado el blog de lado.
Quería contar el viaje, con todo lujo de detalles, con calidad literaria, y dejando ver las dificultades que entraña para una persona como yo un viaje como ese. Seguro que el día menos pensado las historias sobre México irán surgiendo una detrás de otra.
Esta semana, de repente, todo se ha acelerado.Comienzo a ver los mensajes sobre la feria de buceo de Madrid y pienso en toda la gente que me encontraré a la que le puedo contar que buceo, la de sitios donde me darán información sobre lugares maravillosos donde poder viajar, ¿ podré bucear con tal o cual centro? ¿En qué lugares? ¿Cómo explico lo que hago, lo que necesito? image
Me vuelvo loca, mi corazón se acelera y pierdo “casi” hasta el norte de la emoción. Me siento arriba del escenario recogiendo un premio a toda mi trayectoria pasada y futura, y teniendo sólo un minuto para los agradecimientos.
Me gustaría tanto explicar en un minuto por qué es tan importante que el buceo adaptado, o como convengamos llamarlo, tenga un hueco en la gran industria del buceo, que olvido que en un minuto no se entendería.
Por dónde empezar. ¿Por la importancia de la accesibilidad en centros y barcos?¿Por la necesidad de hacer trajes y equipos no tan atractivos y sí más moldeables a las necesidades y fácilmente modificables?¿Cuento la cantidad de gente que mueve alguien como yo en cada inmersión, buzos, asistentes personales?¿De la locura económica que supone pagar siempre por uno más, porque es casi imposible que el mundo entienda que necesitamos un asistente personal con nosotros, sin sobrecoste?¿Hablo de las complicaciones urinarias e intestinales, del problema de la temperatura, de la hipotensión combinada con calor y neopreno?¿Hablo de mí?¿Del tiempo que me ha llevado soñar, planificar y realizar en 3 años mis 50 maravillosas inmersiones en España, Panamá, el Mar Rojo y México por partida doble?¿O el sueño de bucear en la Patagonia, en el hielo o en una cueva?image
También podría dedicar el minuto a decir que me he superado, que mi “discapacidad” no es un problema, que he llegado con ella más lejos que otras buzas con mi edad, que no hay barreras. No, a mí esto no me vale.
Mis dificultades son unas y las tuyas son otras. Yo no quiero ser ” sobrecapacitada “, quiero igualdad siendo como soy, quiero que mi silla esté pegada a mi culo y la tengas en cuenta para contar escalones. Buceo porque me gusta y si eres buzo entenderás por qué sin más adulaciones. En mi caso si la cosa necesita más ayuda, más rica será nuestra interacción en ese medio que no es ni el mío ni el tuyo. Para superarnos como personas no tenemos que llegar más lejos que nadie ni ser los más rápidos, tal vez se supera el que observa en el camino aquello que ha nadie le importaba más que a él.image
Ahora, si respiro un poco e intento pensar lo frustrante que es tener sólo un minuto para contar tanto, decido mirar el premio, esa estatuilla con mi nombre y, sopesando, me pongo las zapatillas de estar por casa y cojo un paño para disfrutar de sacarle brillo a la figurita, mientras le comento mis sensaciones en el escenario a quien siempre supo de mis pasos.
Así que intentaré aplicarme mi cuento cuando me encuentre con la industria del buceo, y en mis 60 seg dar las gracias a mi familia, llorar y que me sobren 59 seg para disfrutar del momento. Habrá tiempo de entrevistas, quien quiera saber cómo me lo monto, me preguntará.

MIL COLORES, CLARIDAD Y AGUAS CALENTITAS: EL CARIBE

“Cada inmersión un mundo. Un subidón. Un juego entre compañeros. Un placer. Un segundo. Un reto. Una imagen. Una oportunidad. Un recuerdo. Un regalo”

Y llegó el final de mi viaje por tierra y casi el principio del viaje submarino.

Dentro del agua no había cansancio, no pensaba si el viaje había sido duro, sí había sido una locura, sinceramente solo podía ser en ese momento muy egoísta y disfrutar del momento, de los colores y formas de los corales y las esponjas, de la infinidad de estrellas de mar, de la sensación de descanso de la silla con la que me muevo, llevada por otro buzo en busca de pececillos que me regalaran su movimiento entre la claridad de las aguas del Caribe.

Cada inmersión un mundo. Un subidón. Un juego entre compañeros. Un placer. Un segundo. Un reto. Una imagen. Una oportunidad. Un recuerdo. Un regalo.

Las sensaciones debajo del agua son un viaje que no sé o no quiero contar, pero dejo unas fotos para compartir con vosotros  un instante de lo inenarrable, poder  estar de nuevo también debajo del agua.

Gracias mamá tierra.

Fantasticas fotos cedidas por Rut Gomez

IMG_3811IMG_3820IMG_4133IMG_4143IMG_3789IMG_3800IMG_3863IMG_4123IMG_4178IMG_3793IMG_3765

PAPA; ¿CUANTO HAY DEL PACÍFICO AL CARIBE?

No puedo seguir contando las experiencias en el buceo, sin contar lo denso que fue el camino desde santa Catalina a bocas del toro. Un viaje que me llevo desde el pacífico hasta el Caribe cruzando una parte de Panamá. Este trayecto fue nuestro particular Canal de Panamá, de un mar a otro, con una ilusión por mi parte: poder conocerlos por dentro, debajo del agua.MAPA-PANAMA

Después de los buceos en Coíba, nos despedidos de Sherly y su cabañita rosa, en la que todo era rosa y nadie podría negar que tenían un encanto muy personal y que Sherly fue todo cariño. Nos montarnos  de nuevo en el coche que ya traíamos alquilado desde Panamá city.

Sin  grandes señalizaciones que nos regalaron el placer de preguntar a los lugareños, todo un deporte comunicativo y de comprensión y algún que otro cambio de sentido, nos dirigimos a Boquete una pequeña ciudad muy cercana a el parque nacional del volcán barú.

reserva forestal de  fortunaLa idea era dormir allí para hacer el viaje de día y al día siguiente continuar hasta Almirante, no era una mala idea no viajar de noche, pero eso convirtió el viaje en un sin fin de subidas y bajadas de maletas, parecía que nunca llegábamos a nuestro destino, casi habíamos olvidado cual era: la isla de Colón, donde me esperaba Rut para comenzar el avanzado y donde yo ayudaría a los nuevos asistentes de buceo adaptado a hacer sus prácticas y a acercarse de primera mano a la diversidad funcional.

A  medida que nos acercábamos a Boquete las temperaturas iban  bajando. Pasamos de ir cocidos y pegados al asiento a llegar a boquete a 16 grados, locos por buscar unos calcetines calentitos para combinarlos con las chanclas. Tardamos 5 horas en llegar.

Inciso sobre diversidad: yo viajaba en el asiento del copiloto al que llegue subiéndome entre dos personas en santa Catalina. Silla plegada en el maletero. No me baje a eso que llaman “estirar las piernas” hasta boquete, dónde mi postura se había escurrido un poco y mis pies habían engordado lo suficiente para olvidar que tenía tobillos. Los  “párate  aquí que me hago pis”, se sustituyeron por ” me meo me meo conecta la bolsa”. Después del viaje a México descubrí la sutileza de viajar con una sonda permanente y vaciar mi vejiga donde quiera sin montar la escena de buscar un sitio donde despatarrarme. Te ahorras muchos suspiros chungos de tus compañeros de viaje.

En Boquete dimos  una vueltecita por una ruta de cafetales. Vimos de lejos el volcán y nos fuimos a dormir. Si salíamos pronto nos daría tiempo a coger el barquito con tiempo. El último salía a las seis de la tarde.reserva forestal la fortuna

Hartos de coche y con el calor de vuelta, soñábamos con las aguas cristalinas del Caribe y el camino solo lo suavizaban  la belleza de los imponentes árboles de la reserva forestal de fortuna. Lo que debían haber sido sólo unas 3 horas de coche, se convirtieron en 6 horas debido a unos piquetes que los indígenas hicieron en la carretera que llevaba a Almirante desde Chiriquí grande, un carretera entre selva media, paralela  a costa caribeña  . Aquellos piquetes contaban mucho de lo que pasa en el mundo y pusieron ante nuestros ojos los problemas de los indígenas de la zona (podéis leer sobre el tema en la entrada titulada “LOS INDIGENAS NGÖBE Y LA REPRESA CHAN 75”).niña Ngobe

Al fin dejamos el coche, después de tantas horas, tantas.

Llegamos a la barquita, íbamos unas 16 personas. Un montón de maletas atrás. Yo en mi silla. Mi cinta agarrando mi cuerpo. Encajada  entre dos filas de bancos fijos sin respaldo. Motor en marcha. Media hora de trayecto.

El barco chocaba con leves olas y un paisaje increíble dejaba ver pequeñas islitas. La sonrisa se nos volvía a marcar y nos adelantaba el paraíso de fauna y flora del archipiélago de bocas. ¿Qué habría en el fondo del mar?

Lo que sí puedo adelantar es que la vuelta fue un placido paseo por las nubes de una hora y media.nubes

LOS INDÍGENAS NGÖBE Y LA REPRESA CHAN 75

La empatía debería ser la base del pensamiento humano, los Ngöbe empatizaron conmigo y yo espero que esta entrada del blog de muchas vueltas por el mundo y muestre empatía con ellos
Los intereses que mueven nuestro mundo ponen el valor de unas personas por encima del valor de otras, se ceban con las diferencias que nos unen para enfrentarnos.
Entre los indígenas Ngöbe y yo ahí millones de diferencias, pero también luchas similares; nos robaron derechos.piquete 5
La empatía debería ser la base del pensamiento humano, los Ngöbe empatizaron conmigo y yo espero que esta entrada del blog de muchas vueltas por el mundo y muestre empatía con ellos.
Nos dirigíamos a Almirante para coger barquito a la Isla de Colón, nos quedaba como una hora y media para llegar por una carretera que bordeaba muy cerca la costa, una majestuosa selva, montañas, curvas y un bello paisaje.piquete 2
De repente, un camión detenido.Tres o cuatro coches y camiones parados también delante nuestro y un grupo de gente con unas pancartas cortaban la carretera.
Las chicas bajaron a ver qué pasaba, mientras un camionero nos contó que era un piquete de los indígenas que llevaban un año sin cobrar de una hidroeléctrica que construía una represa en la zona y que el piquete podía durar 3 o 4 horas.piquete 4
Resignados, con un calor de mil demonios y con el miedo de no llegar al último barquito del día, aparcamos el coche en una explanada cerca del piquete y bajamos a ver.
Los indígenas portando pancartas y unos palos a modo de valla cortaban el tráfico y solo dejaban paso a las ambulancias, hablaban entre ellos del conflicto, en ocasiones en castellano y en ocasiones en su lengua.piquete 5
Entendíamos que aunque 3 horas allí con el calor y yo en la silla sondándome contra una palmera no era la idea, había que comprender la lucha de cada cual por sus derechos.
Cuando me acerqué al piquete con la silla, muchos me miraron, algunos me dijeron que yo sí podía pasar pero sin el coche. Después de un rato, una mujer de las que esperaba se acercó y les dijo que una persona en mi situación no debía esperar allí y que me dejaran pasar, entre un sí y un no, se miraron y nos dijeron que nos subiéramos al “carro” que podíamos pasar y continuamos el camino, hasta otro piquete, en el que también nos dejaron pasar, aunque me tuve que bajar del coche y hablar yo con ellos (las mujeres, ayudaban mucho a que los hombres me dejaran paso).
De una forma u otra, los Ngöbe entendieron mis necesidades y yo quiero agradecérselo y entender las suyas.
Con una breve búsqueda por internet me encontré con estos datos:
Los Ngöbe un pueblo indígena del occidente de Panamá y frontera con Costa Rica, han sufrido fuertes represiones policiales en la zona de la represa, no les permitieron decidir sobre dichas construcciones, han vivido desalojos en sus comunidades indígenas y múltiples violaciones de los derechos reflejados en la Declaración de los Derechos Humanos de los pueblos indígenas.piquete 1
El gobierno panameño y sus fuerzas de seguridad han intentado sabotear a los investigadores que trataron de valorar el impacto medio ambiental y la ONU ya ha visitado la zona.
La compañía norteamericana Aes (responsable de la construcción) sin embargo, habla en sus paginas web de “salvar al pueblo Ngóbe” de un índice de pobreza del 60%, dicen haberles hecho socios del proyecto, creado escuelas y solucionado el paro.
Somos libres de creer lo que queramos pero a mi no me parecieron muy socios de nada, me pareció un pueblo que vive en un entorno increíble, digno de ser preservado. Espero y deseo que el capitalismo desmesurado que nos roba la sonrisa en Europa no pueda con las raíces de los árboles de las tierras de los Ngöbe.

Fuerza y lucha.
Páginas visitadas:
http://bioamistad.wordpress.com/2008/02/22/sigue-estado-de-sitio-en-area-de-represa-chan-75-panama/
http://prensa.politicaspublicas.net/index.php/alatina/?p=5436&more=1&c=1&tb=1&pb=1
http://www.aeschanguinola.com/
http://www.youtube.com/watch?v=Zl0vDwGTIdc

EL PACÍFICO PANAMEÑO: BUCEAR EN COIBA EN BUSCA DE TIBURONES

“Sí, ¡los vi! tiburones de aleta blanca y pienso que no se les puede tener miedo cuando los ves moverse con ese son que es puro baile”

playa de Parque Nacional de Coiba

playa de Parque Nacional de Coiba


La ruta empezaba con un deseo; bucear con tiburones en el pacifico. Panamá tuvo el encanto de dejarme ir al pacífico antes de bucear en el Caribe, dos mares muy diferentes en un mismo viaje, un sueño de nuevo.
Después de unas 6 horas de coche desde Panamá city llegamos a Coiba anochecido, en realidad llegamos a Sta.Catalina, un pueblito con mucho encanto desde donde salen las barcas hacia la isla de Coiba.
Coiba, reserva natural en la actualidad, había sido el lugar de ubicación de una cárcel, en la que por lo visto no estaban los presos más tranquilitos, según nos conto a la vuelta, un policía que había trabajado allí, al que recogimos con el coche a modo auto-estopista (siendo policía, no nos negamos cuando nos pidió que le lleváramos), también decía que era zona de tiburones, y que estos se habían comido algún preso que intento huir.
poniendome el neopreno en la barca

poniendome el neopreno en la barca


Que había varias clases de tiburones lo sabía y era la razón de bucear allí, que comían presos, creo que eran historietas de añoranza de tiempos pasados del policía “historias de la mili”.
Cuando llegamos fuimos al centro de buceo para planificar inmersiones y nos dijeron que se había roto la barca en la que íbamos a ir, que impotencia y que desilusión en ese momento, nos ofrecían ir en una barca más pequeña, pero no toda mi gente estaba segura que pudiera ir en esa barquita y mi asistente estaba mala, así que con pena por mi parte no me quedo otra que demorar el buceo.
el equipo en el agua

el equipo en el agua


Con un día de retraso, llego el día del buceo y me cambio la cara, tempranito fuimos a coger la barca. Rut, mi instructora, tenía los equipos preparados, Gema, una buena botella de agua con jabón para poder meterme el traje (invento de nuestra querida Lely, buceadora con 70 años) y Marián, lista para sus prácticas como asistente de adaptado. El agua iba a estar calentita y ya había perdido un día de buceo, por lo que me propuse hacer 2 inmersiones ese mismo día desde la barca, por mucho calor que pasara con el neopreno no todos los días se encuentra uno en el pacífico.
recien salidas del aguita

recien salidas del aguita


Nos subimos a la barca con la ilusión de ver a esos preciados pececitos que dan miedo en las películas, con la ayuda de un equipo fantástico del Panamá Diver Center.
¿Qué como subimos con la silla?, con dos principios: 1; pensábamos subir y 2; un montón de manos amigas panameñas alzaron de varios puntos la silla pasando las primeras olas de la playa y con todo el tacto del mundo, me posaron de lado en la parte trasera de la pequeña barquita, donde tampoco faltaron manos para sujetar la silla durante la hora aproximada de trayecto.
Y más manos cuando llegamos a la Isla de Coiba, aparecieron los guardas forestales para bajarme con la silla como si fuera cleopatra, muertas de risa mis compañeras y yo, eran tantos que la silla se alzaba por encima de sus cabezas, siendo por un momento yo la más alta y pudiendo alucinar con la vegetación de la Isla, su arena y el turquesa del agua de la orilla.
Porque Coiba y las islitas de alrededor son paraísos fuera y dentro del agua.
Tiburón de aleta blanca

Tiburón de aleta blanca


Sí, ¡los vi! tiburones de aleta blanca y pienso que no se les puede tener miedo cuando los ves moverse con ese son que es puro baile, uno de ellos reposaba en el fondo, se veían perfectamente sus branquias, y era simplemente bello. También vimos peces mariposa, morenas o un banco de atunes que nos envolvió, pude experimentar que son de verdad las termoclinas, era increíble como cambiaba la temperatura, ahora en cada buceo aprendo y disfruto más. Fueron 2 grandes inmersiones para estrenar Panamá y el pacifico.
morena

morena


Los tiburones ballena y las mantas rayas, no se dejaron ver, creo que se escondieron para que tenga una escusa para volver, y porque el encanto del mar sigue siendo que nunca sabes que te dejara ver, ni por cuánto tiempo.
Atún,Atún,Atún...

Atún,Atún,Atún…


volviendo de la inmersión

volviendo de la inmersión

Volviendo de Coiba

Volviendo de Coiba

Saliendo de la barca

Saliendo de la barca


Fotos cedidas por: Rut Gomez