LA CUEVA DEL AGUA, promesas que llegan

-Bucearemos en la cueva del agua-. Era una promesa de estas que si no se cumplen siempre tienen escusa porque apuntan muy alto, pero que si se cumplen, nos acercan a lo irreal y te permiten saber que siempre hay algo más lejos que el final del camino. Sergi quiso cumplirla y el club Oceánides, fue imprescindible.

Por mucho que  tratamos de organizar y provocar aquel momento que promete ser inolvidable o en el que se dará un encuentro que nos cambiará la vida, que  nos ayudará a entender qué hacemos aquí o al menos, que menos, nos llenará tanto como para volver a ilusionarnos hasta la próxima caída. Éstos, siempre se producen un día cualquiera.

Cada día, muchas personas se desilusionan ante un gran momento que prepararon y otras, viven una casualidad que provocará una de esas miradas diferentes que supera la vida que soñaban. Algo incontrolable, que el tiempo nos acaba regalando a todas.

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Hace unos años tuve uno de esos encuentros que vistos ahora me maravillan por todo lo que me han dado y la válvula de escape que me proporcionaron y me proporcionan y que en su continuación me llevaron a bucear el pasado mes de mayo en la Cueva del Agua.

La primera vez que buceé el flechazo entre el agua, los peces y yo no fue tal. El amor no está sencillo y las pasiones, menos. Las miradas, las sonrisas y las personas que las portaban fueron las cómplices imprescindibles del mar, y las responsables directas de que hoy haya muchos lugares inundados de agua donde puedo parar el tiempo, el sinsentido de demasiadas cosas y disfrutar del placer más que carnal de bajar la guardia y dejarme llevar en cada inmersión, sabiendo que mi vida depende de otras personas durante unos minutos. Personas con las que no puedo hablar, más lejos de dos gestos, pero en las que confío plenamente lo más valioso que tengo, mi sensación de libertad.

Tres buzos y una buza me miraron a los ojos en L´ Azohia hace cinco años. Con ella, una mujer valiente que me ha enseñado mucho, he buceado en los mejores lugares del Caribe y en el cenote más espectacular. Con dos de ellos he entendido en que consiste la inclusión real, cuando las diferencias solo pueden sumar y enriquecer a un grupo, sintiendo que pertenezco a su club de buceo con más espíritu que un hooligan. Con el cuarto, responsable principal de aquel encuentro, he tenido el regalo de volver a bucear en esa cueva, un lugar mágico donde el cruce de miradas que sigue a la señal con los dedos y a un ligero movimiento de mi cabeza, nos situaron en el instante donde te dejas caer en sus manos y lo que suceda, solo puede ser bueno.

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-Bucearemos en la cueva del agua-. Era una promesa de estas que si no se cumplen siempre tienen escusa porque apuntan muy alto, pero que si se cumplen, nos acercan a lo irreal y te permiten saber que siempre hay algo más lejos que el final del camino. Sergi quiso cumplirla y el club Oceánides, fue imprescindible.

 La entrada a la cueva se planteaba difícil para bajarme, recuerdo que en las primeras conversaciones salieron los GEOS como necesarios, después la tirolina que se monta para bajar los equipos podía ser la solución para bajarme y finalmente, viendo que no faltaban brazos para abrazarme hasta el agua, una camilla de rescate rodeada de ellos me llevó hasta la entrada.

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Pasando de mano en mano, asegurando donde pisaba cada pie, un montón de Oceánides, Sergi, su compañero, mi asistente y buzas de tierra me situaron tumbada en un espacio plano a la orilla del agua.

Encajamos en mi cuerpo las últimas piezas de neopreno que me faltaban y con un correspondiente sondaje galáctico entre piedras y cremalleras, estaba en el agua preparada para meter la cabeza.

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Llevábamos dos días de buceo por cavernas de la zona y siendo mayo, el agua no andaban aún muy caliente, asique los 25 grados de la cueva fueron un regalo para mi cuerpo, que llevaba dos días encogiendo mis hombros en busca de un poco de tiritona que lo calentara y que mi médula no tuvo la cortesía de regalarle.IMG_7964

Dentro, el agua presentó su primer espectáculo cuando la diferencia de densidades del agua distorsionó con brillos lo que veían los ojos , el juego de temperaturas entre 25 y 29 grados engañó al cuerpo con un masaje en los capilares, que se abrieron y cerraron adaptando el cuerpo a lo placentero y la panorámica de lo que encierra la tierra, culpa de la oscuridad sorprendida por los focos de nuestras linternas y de la arcilla empapada que creaba la cueva, presentaba formas que solo saben describir los relatos, llevándonos ligeros, disfrutando, intentando que un movimiento impreciso no levantara la débil tierra mojada que borrara la foto de la que disfrutaban nuestras miradas.

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Fuera, de nuevo las sonrisas cómplices que crea la pasión por el buceo, cerraban el fin de semana con conversaciones sobre futuros viajes y próximos mares, confirmando que repetiríamos, que los años pasaran de manos del buceo, con quien empecé, con aquel momento que le dio el giro a los sueños, el justo y preciso para ponerlos en sintonía con lo posible.

Gracias a todos los que abrazáis mi cuerpo y lo acercáis al corazón de la madre tierra.

En cubierta respirando

“No estaba alerta, ni pendiente, ni agasajada, sólo estaba disfrutando con unos amigos de las maravillas del buceo”

 

Puede  que me ahogue al día una y otra vez buscando aire para enfrentarme a lo que me da miedo.

Aquello aparentemente sencillo, se revuelve y nos roba la sonrisa, y con ello convivo eterno, como nos pasa a todos.

Incluso calmando el ansia, con el tiempo que tanto nos enseña, no encuentro otra forma de vivir que no sea poniéndome delante del miedo y pidiéndole que me dé la oportunidad de enfrentarme a él.

He pasada miedo viajando y buceando, me he sentido asustada e histérica reclamando mi espacio y mi oportunidad de llegar donde estaban otros, y he sentido la inclusión de ser una más, con los cuidados justos y el espacio de estar sola ante mis decisiones. Siento que el mar es un terreno conquistado, sin ser mío, puedo participar de él con mis particularidades.

Sentada en la cubierta del barco, en mi ultima inmersión en el Algarve, recuerdo tener esa sensación extraña, conocida, pero lejana, en la que no estaba alerta, ni pendiente, ni agasajada, solo estaba disfrutando con unos amigos de las maravillas del buceo. Como quien cierra un capitulo de un libro, sentí placer y extrañeza. El buceo me ha permitido coger aire en muchas ocasiones y me mantiene cuerda, por eso sé que no dejaré de bucear nunca, aunque siento y sentí en aquel momento que es momento de conquistar espacios más cercanos, aparentemente más sencillos, de los que tuve miedo y ahora, con algo de impuso, quiero volver a mirar, para volver a preguntar ¿y tú, que miras?.

No me gusta citar a concretos en los post, por aquello de dejarlo en la escritura, pero consciente de que de alguna forma voy a invernar y el blog conmigo, me permitiré la excepción y le agradezco a Javi, mi compañero de buceo por tanto y por montar estos videos que me devuelven al mar cuando me seco, a Francisco y a por ese encuentro en una feria de buceo que me regalo del Ocean revival y ese momentito de paz en la cubierta y al club Oceánides por mirarme siempre con la igualdad que me devuelve a quien soy más allá del movimiento.

Otro video magnifico Javi.

 

Pájaros enormes

 Pedro me señala al horizonte, a mi izquierda.

Habíamos ido a buscarlas lejos de la costa y parecían haber aceptado la cita. La corriente nos había alejado algo del cabo cuando vinieron lejanas hacia nosotros, una y otra y otra seguida de otra. Se seguían con un pausado y ensayado movimiento en las alas. Unas alas enormes que ganaban majestuosidad al acercarse.

Seres amorfamente lindos que tenían alas para moverse,  con las que abrían un espacio que marcaba  un invisible  camino en el gran azul. Volaban en el mar y volaron pasando tan cerca, como para tocarlas si mi tríceps apagado hubiera estirado el brazo. Tan cerca, que tuve que apartar la cabeza para no llevarme un aletazo. Eran pájaros enormes con aletas tan grandes como yo misma. Alas con piel de tiburón, suaves y lisas, siempre brillantes por el baño del agua.

La imaginación parecía no poder inventar un animal tan fascinador como había creado la diversidad del mar. Sus caras eran completamente desconocidas. Una gran boca, bajo dos pequeños ojos muy separados que sobresalían de su cara como en dos puntas de lanza, cada uno en una arista. Grisáceas en el lomo y blancas al dorso, donde sus branquias hacían sospechar que era un pez. Su cara y cuerpo era uno, que continuaba con dos grandes alas de tiburón triangulares y una fina y larga cola. Tan fantásticas como para amarlas, extrañas, diferentes y tan raras como yo para ellas.

A una profundidad de menos de diez metros, iban y venían acompañadas por enamoradas rémoras que saltaban de una a otra. Se movían con una armonía que me permitía disfrutarlas, mirarlas en multitud de distancias y en varios planos para luego desaparecer en una inmensa panorámica azul.

Un encuentro entre extraños al que me enganche, para repetir  y que no me hubiera importado alargar a la eternidad.

manta-raya 1 con marca de agua

 

manta-raya 2 marca de agua

A POC A POC; EL BOU FERRER

“El Bou Ferrer era sólo mi inmersión número sesenta, un barco lleno de ánforas que fotografiar mientras jugaba con el mar. No fui consciente de lo que suponía juntar la historia y el mar hasta que lo vi”

Descendíamos por el cabo observando el burbujeo de los compañeros y la inmensidad del azul. El sedimento había enterrado para su protección al  Bou Ferrer, un barco mercantil romano con unas 3.000 ánforas que contenían salsa de pescado, y que el Mediterráneo escondió  a unos 24 metros de profundidad. Una buena visibilidad comenzaba a dejarnos ver a unos 15 metros sus entrañas.

Bou Ferrer 5Al descubierto,maderas de la estructura del barco y una amplia cantidad de ánforas registradas con un número escrito en una etiqueta amarilla atada al cuello de cada una de ellas. Lingotes de plomo con inscripciones por descifrar y rejas puesta encima  del resto del barco para evitar robos. Espoliar parte de este barco del siglo I d.C ya había sido idea de cabezas poco lúcidas. Observábamos a escasos metros  mientras nos movíamos por una cuadricula acotada por unos cabos. DCIM112GOPRODurante los primeros minutos abajo, a la sensación de libertad del buceo se unía el encanto de la historia y lo  desconocido, para más tarde invadir mi cabeza de pensamientos sobre el trabajo de los arqueólogos subacuáticos. Medir el gasto de aire mientras trabajas con posturas acrobáticas. La interacción del agua que conserva y corroe, combinada  con el mimo y la paciencia. Buscar, contar y volver a dejar como estaba. Desenterrar la vida de los antiguos, regidos por  parámetros de tiempo actuales, ahí donde el mismo se paró hace mucho. Qué duro, qué bonito. Bou Ferrer 1Terminado el histórico encuentro, miraba el ordenador en el ascenso, minutos, metros, grados, porcentajes, números. El tiempo riéndose en mi cara me mandó con los romanos, con la de veces que he pataleado por no poder volver al pasado y las que  he querido agarrar los segundos para que no se escapara. Ya con la cabeza fuera del agua, se volvía a manifestar en la cara de todos los buzos esa sonrisa que durante unos minutos se mantiene después de una inmersión como tránsito del agua a la tierra.

Nuestra visita sería una experiencia para nosotros y un toque de atención para sumarnos a ser protectores de lo que vimos, cuantos más conozcamos la importancia del Bou Ferrer, más fuerte será la coraza que lo cuide. El conocimiento siempre fue la mejor arma.Bou Ferrer 4

La paciencia se esconde entre los rincones. Obligados a girar como peonzas, pagamos, sufrimos y nos exigimos. La locura se apodera de nosotros y el deber ser nos absorbe. En la eterna búsqueda  por frenar, he descubierto que dentro del agua el tiempo se relentiza, las pre-ocupaciones disminuyen en número, el momento presente se convierte en compañero y la tan añorada paz te sonríe para que la disfrutes. Acompañar esto, con un tiempo pasado que vuelve para contar historias, se convierte en un sueño con una dulce nana.Bou Ferrer 2

A Tomás Herrero, el jefe;

Sólo una mirada como la tuya pudo disfrutar este pecio con tanto cariño,Prueba de ello, que quisieras compartirlo.

Fotos cedidas por: Jose Antonio Moya.

 

 

Un mar de cristal

Intocables como el hielo resbaladizo, jugaban entre las vidrieras de colores de las altas catedrales que son las paredes de coral
Fondos en bocas del toro
El día que se sintió libre, con alas, fue cuando se sumergió para descubrir la inmensidad del mar, rodeada de agua azul, azul clara, blanca, transparente.
Descendía levemente a la vez que sus pupilas, cristales convexos, se llenaban apreciando con total nitidez innumerables pececillos que se cruzaban ante ella, parecían puestos delante de un espejo, al que le sigue otro y otro, formaban copias interminables del mismo.
Brillantes, luminosos, planos.
Flotaban y se desplazaban horizontalmente hacia el infinito, con un movimiento a su vez aparentemente tan inmóvil como la imagen fija de un reflejo.
Intocables como el hielo resbaladizo, jugaban entre las vidrieras de colores de las altas catedrales que son las paredes de coral.
Los miraba a través de sus gafas, que para su deleite, aumentaban el tamaño de los pequeñitos, como quien juega a mirar a través de una lupa.
El fondo del mar, un palacio de hielo con todos sus hermosos detalles.
Es así como descubrió la belleza de la diversidad del mar, y ahora, esos momentos que el tiempo congelo para ella y que su iris retuvo y llevo a su memoria, acuden a su llamada cuando necesita luz, tan claros como a temporales, ayudándola a sujetar un mundo tan denso como frágil que se resquebraja a su alrededor. Hicieron que el mundo se convirtiera en un lugar inhabitable en la tierra a golpe de pala y ladrillo.
– Estoy atrapada, moviéndome entre asfalto y tras muros de hormigón – piensa cuando no está en el mar.

¿Buceadora adaptada? simplemente buceadora, por favor

Publicado en la revista de buceo Escapate numero 6
http://issuu.com/buceourjc/docs/escapate_6-2013

“Julio Verne ya estaba loco y Cousteau también y ahora ustedes viajan al fondo del mar con su mujer que resulta que es negra”IMG_3531

Voy a hablar desde la total ignorancia de ” la industria del buceo” y desde mi sentimiento más sincero y mi experiencia.
Desde mi sentimiento estoy triste y desde la ignorancia estoy más triste. Esto del buceo adaptado no lo entiendo y se supone que yo soy buceadora adaptada, bueno, yo soy buceadora y punto, pero eso todavía no lo ve mucha gente.
La frustración es enorme, si tienes que levantarte cada mañana y volver a explicarle al mundo que eres para ver que te deja hacer y la frustración es mayor cuando tú ya sabes que eres: Una persona.
Por lo visto la gente no lo tiene claro, y le dices una y otra vez: ” pues una persona igual que tú, o ¿tú que miras?”.
Pues en buceo pasa igual, soy una chica que quiere bucear, sin embargo eso no es lo que el mundo del buceo piensa. Dicen que soy una buceadora adaptada y parece que te dicen literalmente; ¡adáptate!
Piensa que no hay barcos pensados para que buces, así que; ¡ADAPTATE! No hay trajes ni material pensados para ti, así que ¡ADAPTATE! No todo el mundo quiere bucear contigo, así que ¡ADAPTATE! Ir a bucear te va a costar más caro porque necesitas más, así que ¡ADAPTATE! SÍ te tiene que ayudar alguien, ocupa y paga: ¿quieres que le prestemos un tubito para hacer snorkel?, así que ¡ADAPTATE!
Sin embargo, te dicen que claro que puedes bucear, porque gracias a la integración hay; ¡CERTIFICADORAS DE BUCEO ADAPTADO!
Pagaras tus títulos como todos pero tendrás que bucear con instructores de adaptado que también pagaran su nuevo título y por tu seguridad solo podrás bucear con ellos probablemente en sus centros. Como solucionar todo lo anterior, búscate la vida, lo importante es que tienes título.
De vez en cuando cogen a unos pocos de esos que hay que integrar y se hacen una foto con una “entidad sin ánimo de lucro”, pero luego como alguno quiera seguir buceando se encontrará con títulos pero con muchas barreras. Esto no se hace con maldad, sino con el desconocimiento de la diferencia entre el termino integración e inclusión.
¡MIREN NO! yo no quiero que me regalen nada, que la vida está muy dura para todos, y entiendo que tengo que aprender otras pautas concretas para bucear con seguridad, pero déjense de tonterías y no me integren, INCLUYANME!
Piensen en equipos y neoprenos que nos valgan a todos, puntos de inmersión para todos, barcos para todos, titulaciones que me permitan bucear con quien quiero, que ya nos adaptamos nosotros, hablen de accesibilidad.
Cada persona con diversidad funcional (discapacidad) es un mundo, y no van a ser mis piernas las que me capaciten para bucear, será mi aptitud.
Si siguen sin entender porque estoy triste, voy a utilizar unos ejemplos que nos gustan mucho a mi colectivo:
Qué pasaría si una certificadora o un centro no dejara bucear a una mujer por ser madre, bueno, si hace la titulación de ” buceadora con hijos”, sí, o no dejara bucear a un negro porque luego huelen los neoprenos mucho a negro y su certificación solo les deja bucear con negros o a un gordo porque su flotabilidad… y no vamos a hacer neoprenos grandes que se ven feos ¿quién los va a comprar?
Lo que pasaría es que nos echaríamos las manos a cabeza.
No hace tanto que los negros entraban por la puerta de atrás, ni hace tanto que no se contrataban mujeres, no hace tanto que no queríamos inmigrantes y ahora nos queremos ir nosotros.
Mi estimada “industria del buceo” yo no quiero integrarme quiero que me incluyan y que me cueste y fabriquen igual un neopreno con una cremallera pensada para mí, que para una mujer o para un macho ibérico estándar del buceo.
Mis estimadas “certificadoras adaptadas” déjenme decidir con quién buceo, sí ya estamos certificados, ustedes nos cualificaron, ya valoraremos nosotros que necesitamos en el agua.
Quiero bucear “en negro”, sin marcas ni nombres hasta que piensen incluirme. Buceo con personas no con certificadoras, buceo con centros, no con simples negocios, yo lo que quiero es ver pececitos y no quiero tener que volver a explicar que lo que soy, porque soy simplemente una persona que quiere bucear.
Me gustaría que mis palabras se entendieran como una crítica constructiva y nos sirvan para reflexionar y mejorar.
Julio Verne ya estaba loco y Cousteau también y ahora ustedes viajan al fondo del mar con su mujer que resulta que es negra.

MIL COLORES, CLARIDAD Y AGUAS CALENTITAS: EL CARIBE

“Cada inmersión un mundo. Un subidón. Un juego entre compañeros. Un placer. Un segundo. Un reto. Una imagen. Una oportunidad. Un recuerdo. Un regalo”

Y llegó el final de mi viaje por tierra y casi el principio del viaje submarino.

Dentro del agua no había cansancio, no pensaba si el viaje había sido duro, sí había sido una locura, sinceramente solo podía ser en ese momento muy egoísta y disfrutar del momento, de los colores y formas de los corales y las esponjas, de la infinidad de estrellas de mar, de la sensación de descanso de la silla con la que me muevo, llevada por otro buzo en busca de pececillos que me regalaran su movimiento entre la claridad de las aguas del Caribe.

Cada inmersión un mundo. Un subidón. Un juego entre compañeros. Un placer. Un segundo. Un reto. Una imagen. Una oportunidad. Un recuerdo. Un regalo.

Las sensaciones debajo del agua son un viaje que no sé o no quiero contar, pero dejo unas fotos para compartir con vosotros  un instante de lo inenarrable, poder  estar de nuevo también debajo del agua.

Gracias mamá tierra.

Fantasticas fotos cedidas por Rut Gomez

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PAPA; ¿CUANTO HAY DEL PACÍFICO AL CARIBE?

No puedo seguir contando las experiencias en el buceo, sin contar lo denso que fue el camino desde santa Catalina a bocas del toro. Un viaje que me llevo desde el pacífico hasta el Caribe cruzando una parte de Panamá. Este trayecto fue nuestro particular Canal de Panamá, de un mar a otro, con una ilusión por mi parte: poder conocerlos por dentro, debajo del agua.MAPA-PANAMA

Después de los buceos en Coíba, nos despedidos de Sherly y su cabañita rosa, en la que todo era rosa y nadie podría negar que tenían un encanto muy personal y que Sherly fue todo cariño. Nos montarnos  de nuevo en el coche que ya traíamos alquilado desde Panamá city.

Sin  grandes señalizaciones que nos regalaron el placer de preguntar a los lugareños, todo un deporte comunicativo y de comprensión y algún que otro cambio de sentido, nos dirigimos a Boquete una pequeña ciudad muy cercana a el parque nacional del volcán barú.

reserva forestal de  fortunaLa idea era dormir allí para hacer el viaje de día y al día siguiente continuar hasta Almirante, no era una mala idea no viajar de noche, pero eso convirtió el viaje en un sin fin de subidas y bajadas de maletas, parecía que nunca llegábamos a nuestro destino, casi habíamos olvidado cual era: la isla de Colón, donde me esperaba Rut para comenzar el avanzado y donde yo ayudaría a los nuevos asistentes de buceo adaptado a hacer sus prácticas y a acercarse de primera mano a la diversidad funcional.

A  medida que nos acercábamos a Boquete las temperaturas iban  bajando. Pasamos de ir cocidos y pegados al asiento a llegar a boquete a 16 grados, locos por buscar unos calcetines calentitos para combinarlos con las chanclas. Tardamos 5 horas en llegar.

Inciso sobre diversidad: yo viajaba en el asiento del copiloto al que llegue subiéndome entre dos personas en santa Catalina. Silla plegada en el maletero. No me baje a eso que llaman “estirar las piernas” hasta boquete, dónde mi postura se había escurrido un poco y mis pies habían engordado lo suficiente para olvidar que tenía tobillos. Los  “párate  aquí que me hago pis”, se sustituyeron por ” me meo me meo conecta la bolsa”. Después del viaje a México descubrí la sutileza de viajar con una sonda permanente y vaciar mi vejiga donde quiera sin montar la escena de buscar un sitio donde despatarrarme. Te ahorras muchos suspiros chungos de tus compañeros de viaje.

En Boquete dimos  una vueltecita por una ruta de cafetales. Vimos de lejos el volcán y nos fuimos a dormir. Si salíamos pronto nos daría tiempo a coger el barquito con tiempo. El último salía a las seis de la tarde.reserva forestal la fortuna

Hartos de coche y con el calor de vuelta, soñábamos con las aguas cristalinas del Caribe y el camino solo lo suavizaban  la belleza de los imponentes árboles de la reserva forestal de fortuna. Lo que debían haber sido sólo unas 3 horas de coche, se convirtieron en 6 horas debido a unos piquetes que los indígenas hicieron en la carretera que llevaba a Almirante desde Chiriquí grande, un carretera entre selva media, paralela  a costa caribeña  . Aquellos piquetes contaban mucho de lo que pasa en el mundo y pusieron ante nuestros ojos los problemas de los indígenas de la zona (podéis leer sobre el tema en la entrada titulada “LOS INDIGENAS NGÖBE Y LA REPRESA CHAN 75”).niña Ngobe

Al fin dejamos el coche, después de tantas horas, tantas.

Llegamos a la barquita, íbamos unas 16 personas. Un montón de maletas atrás. Yo en mi silla. Mi cinta agarrando mi cuerpo. Encajada  entre dos filas de bancos fijos sin respaldo. Motor en marcha. Media hora de trayecto.

El barco chocaba con leves olas y un paisaje increíble dejaba ver pequeñas islitas. La sonrisa se nos volvía a marcar y nos adelantaba el paraíso de fauna y flora del archipiélago de bocas. ¿Qué habría en el fondo del mar?

Lo que sí puedo adelantar es que la vuelta fue un placido paseo por las nubes de una hora y media.nubes

EL PACÍFICO PANAMEÑO: BUCEAR EN COIBA EN BUSCA DE TIBURONES

“Sí, ¡los vi! tiburones de aleta blanca y pienso que no se les puede tener miedo cuando los ves moverse con ese son que es puro baile”

playa de Parque Nacional de Coiba

playa de Parque Nacional de Coiba


La ruta empezaba con un deseo; bucear con tiburones en el pacifico. Panamá tuvo el encanto de dejarme ir al pacífico antes de bucear en el Caribe, dos mares muy diferentes en un mismo viaje, un sueño de nuevo.
Después de unas 6 horas de coche desde Panamá city llegamos a Coiba anochecido, en realidad llegamos a Sta.Catalina, un pueblito con mucho encanto desde donde salen las barcas hacia la isla de Coiba.
Coiba, reserva natural en la actualidad, había sido el lugar de ubicación de una cárcel, en la que por lo visto no estaban los presos más tranquilitos, según nos conto a la vuelta, un policía que había trabajado allí, al que recogimos con el coche a modo auto-estopista (siendo policía, no nos negamos cuando nos pidió que le lleváramos), también decía que era zona de tiburones, y que estos se habían comido algún preso que intento huir.
poniendome el neopreno en la barca

poniendome el neopreno en la barca


Que había varias clases de tiburones lo sabía y era la razón de bucear allí, que comían presos, creo que eran historietas de añoranza de tiempos pasados del policía “historias de la mili”.
Cuando llegamos fuimos al centro de buceo para planificar inmersiones y nos dijeron que se había roto la barca en la que íbamos a ir, que impotencia y que desilusión en ese momento, nos ofrecían ir en una barca más pequeña, pero no toda mi gente estaba segura que pudiera ir en esa barquita y mi asistente estaba mala, así que con pena por mi parte no me quedo otra que demorar el buceo.
el equipo en el agua

el equipo en el agua


Con un día de retraso, llego el día del buceo y me cambio la cara, tempranito fuimos a coger la barca. Rut, mi instructora, tenía los equipos preparados, Gema, una buena botella de agua con jabón para poder meterme el traje (invento de nuestra querida Lely, buceadora con 70 años) y Marián, lista para sus prácticas como asistente de adaptado. El agua iba a estar calentita y ya había perdido un día de buceo, por lo que me propuse hacer 2 inmersiones ese mismo día desde la barca, por mucho calor que pasara con el neopreno no todos los días se encuentra uno en el pacífico.
recien salidas del aguita

recien salidas del aguita


Nos subimos a la barca con la ilusión de ver a esos preciados pececitos que dan miedo en las películas, con la ayuda de un equipo fantástico del Panamá Diver Center.
¿Qué como subimos con la silla?, con dos principios: 1; pensábamos subir y 2; un montón de manos amigas panameñas alzaron de varios puntos la silla pasando las primeras olas de la playa y con todo el tacto del mundo, me posaron de lado en la parte trasera de la pequeña barquita, donde tampoco faltaron manos para sujetar la silla durante la hora aproximada de trayecto.
Y más manos cuando llegamos a la Isla de Coiba, aparecieron los guardas forestales para bajarme con la silla como si fuera cleopatra, muertas de risa mis compañeras y yo, eran tantos que la silla se alzaba por encima de sus cabezas, siendo por un momento yo la más alta y pudiendo alucinar con la vegetación de la Isla, su arena y el turquesa del agua de la orilla.
Porque Coiba y las islitas de alrededor son paraísos fuera y dentro del agua.
Tiburón de aleta blanca

Tiburón de aleta blanca


Sí, ¡los vi! tiburones de aleta blanca y pienso que no se les puede tener miedo cuando los ves moverse con ese son que es puro baile, uno de ellos reposaba en el fondo, se veían perfectamente sus branquias, y era simplemente bello. También vimos peces mariposa, morenas o un banco de atunes que nos envolvió, pude experimentar que son de verdad las termoclinas, era increíble como cambiaba la temperatura, ahora en cada buceo aprendo y disfruto más. Fueron 2 grandes inmersiones para estrenar Panamá y el pacifico.
morena

morena


Los tiburones ballena y las mantas rayas, no se dejaron ver, creo que se escondieron para que tenga una escusa para volver, y porque el encanto del mar sigue siendo que nunca sabes que te dejara ver, ni por cuánto tiempo.
Atún,Atún,Atún...

Atún,Atún,Atún…


volviendo de la inmersión

volviendo de la inmersión

Volviendo de Coiba

Volviendo de Coiba

Saliendo de la barca

Saliendo de la barca


Fotos cedidas por: Rut Gomez

BUCEANDO EN EL MAR ROJO. Por : Miguel Angel Peréz moreno

En especial, el momento en el que todo el grupo estuvimos, apoyados en una barandilla, observando a escaso metro y medio como una tortuga, no se a que especie pertenece, se alimentaba tranquilamente.
Aunque ya sabéis que para mí, la inmersión perfecta es:
Buena visibilidad
Un pececillo
Y una hierbecilla

miguel angel 2Lo prometido es deuda, por lo que voy a relatar ese viaje maravilloso al Mar Rojo.
Elena y yo nos embarcamos en una aventura llena de incertidumbres y expectativas.
Nos fuimos a bucear al Mar Rojo, en un barco, Golden Emperor, lo que se viene llamando Crucero vida a bordo. 6 días viviendo en un barco, más 2 en hotel, con lo que conlleva de dificultad para los que tenemos problemas de movilidad, o como tan de moda esta llamarlo ahora, con movilidad reducida, que digo yo, quien se libra de dicha reducción de movilidad.
Bueno, al grano, que me disperso.
El viaje lo organizo nuestro queridísimo instructor de buceo adaptado Lalo, de Noraysub. Además de Elena y yo, como “representantes” del buceo adaptado, el grupo lo formaban, el propio Lalo, Eva, Nati, José Luis, Roberto alías “octopus”, Juanjo, Miriam, José Ramón, Paula, Asier, Clara y Leli ( mi madre, 70 añitos y buceando), todos ellos buceadores, como acompañantes de Elena y mío, venían Gema y mi padre, Miguel, que recibieron sendos bautismos, con distinto resultado.
Un grupo al que cada uno aportaba su granito para hacer de dicho viaje una experiencia inolvidable. Las historias de los viajes de Asier, Eva y Jose Luis, las ganas de juerga de Roberto-Octopús, Gema, Clara y Elena, las locuras fuera del agua de Nati, así como su serenidad y buen hacer en las inmersiones, la juventud de Paula y la satisfacción de orgullo de padre de José Ramón, los padres adoptivos de todo el grupo, Leli y Miguel, el pedazo trabajo de Lalo, para que Elena y yo estuviéramos a gusto, fuera y dentro del agua, las conversaciones en cubierta junto a Juanjo y Miriam, las risas de Eva y Nati, las pedazo fotografías de José Luis. En fin, paro para no aburriros con la lectura.
Después de pasar una primera noche en hotel y reponernos del siempre “cansino” viaje en avión con escala, llegamos al barco, donde nos recibió la tripulación, gente muy amable y dispuesta a ayudar en todo momento, en especial a Elena y a mí, privilegios de la movilidad reducida.
En el comité de recepción estaba como figura principal el guía español Fernando, más conocido durante los días que duro el crucero como Fernando-Fernando.
Ante la llegada de tan peculiar grupo de buceadores, confesado por el propio Fernando, había cierta tensión, debido a las dificultades que podrían darse a lo largo de las distintas inmersiones, así como la vida a bordo.
Todas esas posibles dificultades se resolvieron, gracias al trabajo agotador por parte de Lalo y a la inestimable ayuda de la tripulación del barco, a los que mando un saludo, por si algún día llegan a leer estas líneas.IMG_3805
Las inmersiones las realizábamos en 2 grupos, dirigidos cada uno por uno de los guías, del barco, Acmed, que me perdone porque seguramente he escrito mal su nombre, y por Fernando-Fernando.
Cuando me toco de guía Fernando-Fernando y debido a mi discapacidad tuvimos que ponernos de acuerdo a la hora de las señales, y creamos un nuevo código. El código consistía sencillamente en hablar dentro del agua. Menudas conversaciones nos pegamos.
Entre las charlas y mi método de descenso, que según Fernando-Fernando, es lo más parecido que ha visto a los descensos de los buzos de combate, pude llevar a cabo las inmersiones más impresionantes, que he realizado hasta ahora.
Me sorprendía en especial ver que en tierra firme solo había tierra desértica y en cuanto metías la cabeza en el agua, tus ojos eran bombardeados por todos los colores del arcoíris, multitud de vida animal y vegetal, formas caprichosas que ni lo mejores autores de ciencia-ficción darían a sus alienígenas, una visibilidad del agua inmejorable, a mi modesto entender. No me daba tiempo a asimilar todo lo que mis ojos estaban recibiendo.
Realizamos inmersiones a pecios, barcos hundidos, en algunos de ellos buceamos por el interior de sus entrañas.
Inolvidable será la inmersión al interior del SS Thistlegorm, mítico barco inglés con cargamento militar de la II Guerra Mundial, hundido por la aviación nazi y descubierto por Jacques Cousteau, sencillamente impresionante. En especial, el momento en el que todo el grupo estuvimos, apoyados en una barandilla, observando a escaso metro y medio como una tortuga, no se a que especie pertenece, se alimentaba tranquilamente.
Aunque ya sabéis que para mí, la inmersión perfecta es:
Buena visibilidad
Un pececillo
Y una hierbecilla
A pesar de que parte del grupo repetía viaje al Mar Rojo, creo que todos nos vinimos con las ganas de repetir.
Pero eso será otra historia.