Miedo tengo miedo…

Ilustración Pablo Prous

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Ilustración: Pablo Prous

Una vez tuve tanto miedo, que ni lo reconocía, tanto tanto miedo que si no intentaba olvidarlo me faltaba el aliento para respirar

Tengo miedo, toda la vida lo he tenido, toma formas distintas en sintonía con el tiempo, con la edad. No siempre huele igual, no siempre se siente igual, a veces precede a algo divertido y otras a la peor de las pesadillas.
Una vez tuve tanto miedo, que ni lo reconocía, tanto tanto miedo que si no intentaba olvidarlo me faltaba el aliento para respirar, en la noche me dejaba descansar, pero a la mañana siguiente volvía a mi recuerdo como una pesadilla en vigilia. En aquella época, que no importa cuánto tiempo duro (porque el tiempo tenía otra medida) solo podía ver durante todo el día, un techo blanco, sus luces y alguna que otra mancha que me entretenía.
No me movía, de un día para otro no me movía y recuerdo que aquel miedo fue diferente a ninguno que he conocido.
Ahora no sabría decir si tengo más de lo que imagine antes de ese miedo, pensarlo es una tontería y medirlo tampoco tiene que servir más que para ayudarnos a positivizar un buen momento o como arranque para una llantina necesaria.
El miedo puede ser un aliado, porque te empuja a ser valiente. Cuando has pasado mucho miedo un día te atreves a enfrentarte a él porque le viste la peor cara y puedes desear comerte la vida de un bocado, aunque cuidado, porque no te hace intocable, el miedo puede volver en otro grado o forma, no lo menos precies.
Tenía muchas ganas de decir que tengo miedo, porque cuando te quedas tetrapléjico parece que solo hay dos tipos de personas; las que se ponen el mundo por montera y son la hostia y los que no lo superan y caen en un círculo de autoflagelación.
Olvidaros de eso (si lo pensáis), ni la agonía dura toda una vida, ni hay que demostrar a la sociedad que somos tan validos como para trabajar, sacarnos dos máster usando el reconocimiento de voz o tener una familia numerosa, que quien quiera, adelante pero no es intrínseco al “…plejico”.
Yo no sé ni en qué punto estoy ni a cual llegare, iré a un psicoanalista que me ayude a encontrarme, pero creo, basándome en mi experiencia de casi 5 años de risas y lloriqueras, que hay que darle “machuqui” al cuerpo, sin dejar de atrevernos a decir que tenemos miedo, y así, tal vez nos consigamos parecer a “los normales”, ese sector de la población con el que pretendemos igualarnos.
No tenemos que demostrarles nada, tenemos que incluirnos con ellos aunque vallamos más lentos u ocupemos más, nadie es como nadie. Soy y tengo miedo.
Que vivan los miedos, las pataletas y las alegrías, espero que también te alegres de las tuyas, porque sentir es estar vivo y en la inclusión no hay que demostrar nada, solo vivir, para que nos vean la cara.

Para los que ahora estáis pasando mucho miedo, respira e intenta sonreír, cambiara de forma, te dará treguas y aunque no se valla, sabe convivir con la vida.