EL PACÍFICO PANAMEÑO: BUCEAR EN COIBA EN BUSCA DE TIBURONES

“Sí, ¡los vi! tiburones de aleta blanca y pienso que no se les puede tener miedo cuando los ves moverse con ese son que es puro baile”

playa de Parque Nacional de Coiba

playa de Parque Nacional de Coiba


La ruta empezaba con un deseo; bucear con tiburones en el pacifico. Panamá tuvo el encanto de dejarme ir al pacífico antes de bucear en el Caribe, dos mares muy diferentes en un mismo viaje, un sueño de nuevo.
Después de unas 6 horas de coche desde Panamá city llegamos a Coiba anochecido, en realidad llegamos a Sta.Catalina, un pueblito con mucho encanto desde donde salen las barcas hacia la isla de Coiba.
Coiba, reserva natural en la actualidad, había sido el lugar de ubicación de una cárcel, en la que por lo visto no estaban los presos más tranquilitos, según nos conto a la vuelta, un policía que había trabajado allí, al que recogimos con el coche a modo auto-estopista (siendo policía, no nos negamos cuando nos pidió que le lleváramos), también decía que era zona de tiburones, y que estos se habían comido algún preso que intento huir.
poniendome el neopreno en la barca

poniendome el neopreno en la barca


Que había varias clases de tiburones lo sabía y era la razón de bucear allí, que comían presos, creo que eran historietas de añoranza de tiempos pasados del policía “historias de la mili”.
Cuando llegamos fuimos al centro de buceo para planificar inmersiones y nos dijeron que se había roto la barca en la que íbamos a ir, que impotencia y que desilusión en ese momento, nos ofrecían ir en una barca más pequeña, pero no toda mi gente estaba segura que pudiera ir en esa barquita y mi asistente estaba mala, así que con pena por mi parte no me quedo otra que demorar el buceo.
el equipo en el agua

el equipo en el agua


Con un día de retraso, llego el día del buceo y me cambio la cara, tempranito fuimos a coger la barca. Rut, mi instructora, tenía los equipos preparados, Gema, una buena botella de agua con jabón para poder meterme el traje (invento de nuestra querida Lely, buceadora con 70 años) y Marián, lista para sus prácticas como asistente de adaptado. El agua iba a estar calentita y ya había perdido un día de buceo, por lo que me propuse hacer 2 inmersiones ese mismo día desde la barca, por mucho calor que pasara con el neopreno no todos los días se encuentra uno en el pacífico.
recien salidas del aguita

recien salidas del aguita


Nos subimos a la barca con la ilusión de ver a esos preciados pececitos que dan miedo en las películas, con la ayuda de un equipo fantástico del Panamá Diver Center.
¿Qué como subimos con la silla?, con dos principios: 1; pensábamos subir y 2; un montón de manos amigas panameñas alzaron de varios puntos la silla pasando las primeras olas de la playa y con todo el tacto del mundo, me posaron de lado en la parte trasera de la pequeña barquita, donde tampoco faltaron manos para sujetar la silla durante la hora aproximada de trayecto.
Y más manos cuando llegamos a la Isla de Coiba, aparecieron los guardas forestales para bajarme con la silla como si fuera cleopatra, muertas de risa mis compañeras y yo, eran tantos que la silla se alzaba por encima de sus cabezas, siendo por un momento yo la más alta y pudiendo alucinar con la vegetación de la Isla, su arena y el turquesa del agua de la orilla.
Porque Coiba y las islitas de alrededor son paraísos fuera y dentro del agua.
Tiburón de aleta blanca

Tiburón de aleta blanca


Sí, ¡los vi! tiburones de aleta blanca y pienso que no se les puede tener miedo cuando los ves moverse con ese son que es puro baile, uno de ellos reposaba en el fondo, se veían perfectamente sus branquias, y era simplemente bello. También vimos peces mariposa, morenas o un banco de atunes que nos envolvió, pude experimentar que son de verdad las termoclinas, era increíble como cambiaba la temperatura, ahora en cada buceo aprendo y disfruto más. Fueron 2 grandes inmersiones para estrenar Panamá y el pacifico.
morena

morena


Los tiburones ballena y las mantas rayas, no se dejaron ver, creo que se escondieron para que tenga una escusa para volver, y porque el encanto del mar sigue siendo que nunca sabes que te dejara ver, ni por cuánto tiempo.
Atún,Atún,Atún...

Atún,Atún,Atún…


volviendo de la inmersión

volviendo de la inmersión

Volviendo de Coiba

Volviendo de Coiba

Saliendo de la barca

Saliendo de la barca


Fotos cedidas por: Rut Gomez

BUCEANDO EN EL MAR ROJO. Por : Miguel Angel Peréz moreno

En especial, el momento en el que todo el grupo estuvimos, apoyados en una barandilla, observando a escaso metro y medio como una tortuga, no se a que especie pertenece, se alimentaba tranquilamente.
Aunque ya sabéis que para mí, la inmersión perfecta es:
Buena visibilidad
Un pececillo
Y una hierbecilla

miguel angel 2Lo prometido es deuda, por lo que voy a relatar ese viaje maravilloso al Mar Rojo.
Elena y yo nos embarcamos en una aventura llena de incertidumbres y expectativas.
Nos fuimos a bucear al Mar Rojo, en un barco, Golden Emperor, lo que se viene llamando Crucero vida a bordo. 6 días viviendo en un barco, más 2 en hotel, con lo que conlleva de dificultad para los que tenemos problemas de movilidad, o como tan de moda esta llamarlo ahora, con movilidad reducida, que digo yo, quien se libra de dicha reducción de movilidad.
Bueno, al grano, que me disperso.
El viaje lo organizo nuestro queridísimo instructor de buceo adaptado Lalo, de Noraysub. Además de Elena y yo, como “representantes” del buceo adaptado, el grupo lo formaban, el propio Lalo, Eva, Nati, José Luis, Roberto alías “octopus”, Juanjo, Miriam, José Ramón, Paula, Asier, Clara y Leli ( mi madre, 70 añitos y buceando), todos ellos buceadores, como acompañantes de Elena y mío, venían Gema y mi padre, Miguel, que recibieron sendos bautismos, con distinto resultado.
Un grupo al que cada uno aportaba su granito para hacer de dicho viaje una experiencia inolvidable. Las historias de los viajes de Asier, Eva y Jose Luis, las ganas de juerga de Roberto-Octopús, Gema, Clara y Elena, las locuras fuera del agua de Nati, así como su serenidad y buen hacer en las inmersiones, la juventud de Paula y la satisfacción de orgullo de padre de José Ramón, los padres adoptivos de todo el grupo, Leli y Miguel, el pedazo trabajo de Lalo, para que Elena y yo estuviéramos a gusto, fuera y dentro del agua, las conversaciones en cubierta junto a Juanjo y Miriam, las risas de Eva y Nati, las pedazo fotografías de José Luis. En fin, paro para no aburriros con la lectura.
Después de pasar una primera noche en hotel y reponernos del siempre “cansino” viaje en avión con escala, llegamos al barco, donde nos recibió la tripulación, gente muy amable y dispuesta a ayudar en todo momento, en especial a Elena y a mí, privilegios de la movilidad reducida.
En el comité de recepción estaba como figura principal el guía español Fernando, más conocido durante los días que duro el crucero como Fernando-Fernando.
Ante la llegada de tan peculiar grupo de buceadores, confesado por el propio Fernando, había cierta tensión, debido a las dificultades que podrían darse a lo largo de las distintas inmersiones, así como la vida a bordo.
Todas esas posibles dificultades se resolvieron, gracias al trabajo agotador por parte de Lalo y a la inestimable ayuda de la tripulación del barco, a los que mando un saludo, por si algún día llegan a leer estas líneas.IMG_3805
Las inmersiones las realizábamos en 2 grupos, dirigidos cada uno por uno de los guías, del barco, Acmed, que me perdone porque seguramente he escrito mal su nombre, y por Fernando-Fernando.
Cuando me toco de guía Fernando-Fernando y debido a mi discapacidad tuvimos que ponernos de acuerdo a la hora de las señales, y creamos un nuevo código. El código consistía sencillamente en hablar dentro del agua. Menudas conversaciones nos pegamos.
Entre las charlas y mi método de descenso, que según Fernando-Fernando, es lo más parecido que ha visto a los descensos de los buzos de combate, pude llevar a cabo las inmersiones más impresionantes, que he realizado hasta ahora.
Me sorprendía en especial ver que en tierra firme solo había tierra desértica y en cuanto metías la cabeza en el agua, tus ojos eran bombardeados por todos los colores del arcoíris, multitud de vida animal y vegetal, formas caprichosas que ni lo mejores autores de ciencia-ficción darían a sus alienígenas, una visibilidad del agua inmejorable, a mi modesto entender. No me daba tiempo a asimilar todo lo que mis ojos estaban recibiendo.
Realizamos inmersiones a pecios, barcos hundidos, en algunos de ellos buceamos por el interior de sus entrañas.
Inolvidable será la inmersión al interior del SS Thistlegorm, mítico barco inglés con cargamento militar de la II Guerra Mundial, hundido por la aviación nazi y descubierto por Jacques Cousteau, sencillamente impresionante. En especial, el momento en el que todo el grupo estuvimos, apoyados en una barandilla, observando a escaso metro y medio como una tortuga, no se a que especie pertenece, se alimentaba tranquilamente.
Aunque ya sabéis que para mí, la inmersión perfecta es:
Buena visibilidad
Un pececillo
Y una hierbecilla
A pesar de que parte del grupo repetía viaje al Mar Rojo, creo que todos nos vinimos con las ganas de repetir.
Pero eso será otra historia.

Y por fin también… debajo del agua

De nada  serviría que cuente tanta andanza y preparación si no muestro por lo menos un poquito de lo que vi debajo del agua, no sé si hay lugares más bellos o no y no creo que una foto consiga captar la locura de colores que son los arrecifes del Mar Rojo, pero ahí va un poquito del regalo que nos hizo el mar…

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descendiendo con mi instructor

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Peces Payaso

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En el arrecife

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Pez Mariposa

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Con Miguel angel otro buzo diverso

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Tridacna

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Simplemente… buceando

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Pez Mariposa estandarte

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Dentro del barco

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Pez Globo

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Observando corales

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Pastinaca

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Más corales

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Pez ángel de franja amarilla

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Tiburón leopardo

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Pez Piedra

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Anémona con pez payaso

Fotos cedidas por Jose Luis Prieto Miró