DIARIO DEL HIELO II

Miercoles 25. 4 días para el hielo

Nieve y Asistencia personal

Encuentro en internet un video sobre la estación de esquí y esta todo blanco. Hay nieve y más nieve,  y un montón de esquiadores jugando con la velocidad y la adrenalina. Mi imaginación vuela y me veo integrándome en el lugar, con mi silla manual clavada en la nieve y mi asistente roja y sudorosa intentando moverla para llegar a la tienda de souvenirs. En el video también aparece un balneario con un montón de esos esquiadores y familias felices disfrutando de chorros de agua y burbujas. Mi mente vuelve a jugármela y me veo ataviada con el bañador y siendo llevada por dos amigos. Uno me agarra de los sobacos y otro de las rodillas y  me bajan por la escalerilla de una de las piscinas, mientras yo sonrío al público, que no puede evitar percatarse de mi entrada triunfal.

Mientras escribo esto, mi asistente personal guarda mi equipo de buceo para el viaje.Ella ha buceado conmigo y sabe lo que necesito, pero va tachando de la lista que yo le hice. Yo decido y participo aunque nunca he agarrado mi mascara de buceo. Sé a qué huele y la he sentido en la cara.

La asistencia personal, como  recurso,  me permite decidir si quiero pedir ayuda, decidir que, cuando y como, sin dejar mi voluntad en manos de otros que puedan decidir que parcela de autonomía me dan dependiendo de el tiempo que pueden dedicarme o de cuanto crean (ellos) que es de importante aquello que quiero hacer.

Me permite ir a bucear al hielo y que mi madre se eche las manos a la cabeza, sin tener que presenciarlo a 2 grados bajo cero. Ella estará en algún lugar calentito comentándole a una amiga;  “que necesidad tiene esta muchacha de hacer eso”,  y mi madre, hará su papel de madre en igualdad de derechos que cualquier otra madre, sin pagar ningún precio por tener una hija tetraplejica, “minusválida”.Cuando yo soy libre mi madre es libre y mi asistente personal en una mujer con trabajo.

La mayoría de las madres con “hijas minusválidas” tienen que dejar de ser madres para cuidar hijas adultas y la mayoría de las “mujeres minusválidas” no pueden ejercer una voluntad real, no tienen asistencia personal, y la mayoría de las mujeres que podrían trabajar potencialmente como asistentes personales no existen.

Yo soy una de esas pocas “ mujeres minusválidas” que no soy la mayoría, por eso puedo ir al hielo a bucear con otras “ mujeres normales” y puedo decidir no ir.

La asistencia personal es un derecho recogido en la Convención de los derechos de las personas con discapacidad, pero no lo sabe mucha gente.

Voy terminando los preparativos, ya tengo las cadenas para el coche y nos estamos organizándonos para ir juntos. Son unas 5 horas de viaje. Mi imaginación vuelve al lugar, todo blanco y mucha nieve rodean la furgoneta.

 

 

 

 

 

 

 

 

DIARIO DEL HIELO

Lunes 23. A 6 días del hielo.

Cardiaca y “Normal”

No es que tenga miedo a perecer en la nieve, ni que este pensando  cómo reaccionará  mi cuerpo a los no sé cuántos grados bajo cero (la cifra exacta no la he querido ni preguntar) a los que estará bajo el hielo. Creo que estoy cardiaca, en gran parte, por el miedo a todo lo que no puedo controlar. La psicosis del control  no vino con la silla ni con la diversidad,la traía yo en los genes (o es un trauma que me causo mi padre el día que nací) pero lleva años conmigo, y ciertamente  se incrementa y se hace latente ante situaciones en las que hecho de menos no poder poner las manos delante cuando me puedo caer. Creo que meterme en un agujero  helado en una estación de esquí, es una de esas situaciones en las que sin manos, si me tengo que caer, me voy a caer igual, así que si acordonó la zona previamente, mejor, y eso, exige control.

Hoy mordería lo que fuera del manojo de  nervios que soy, quiero saber ya el final de la aventura y me digo que después de ésta me dedicare a leer y pintar el atardecer de mi ventana, como me propuse hace pocos años, aunque sé, que no es verdad.

Hice casi toda la maleta por la mañana y pase el día actualizando el bloc de notas con tareas pendientes importantísimas.

Según lo escribo me doy cuenta de lo estúpido del asunto y vuelvo a abrir el bloc de notas y añado “ llamar a mama para ver cuando recoge al perro”. Continuación de lo estúpido.

Que estas sean mis emociones y tareas de hoy, me acerca más a Britge Jones que a una tetraplejica al uso  y me lleva a pensar donde me situó yo, más allá de lo que un primer vistazo pueda decir mi cuerpo a los demás.

No le voy a quitar mérito a mi día a día o a el camino recorrido, pero no ver mi situación privilegiada dentro de mi colectivo, seria dármelas de ciega.

Debería cerrar mi diario rosa de hoy, proponiéndome contar a lo largo de estos días, intercalado  a las peripecias del buceo, con que recursos estoy contando yo para poder sentirme “ Sindy vacaciones”, que cambiarían la vida de mis iguales “las mujeres minusválidas” para ir a bucear al hielo o para hacer lo que se les pusiera en los ovarios. Consciente de que es complicado hablar del derecho a bucear o a hacer macramé mirando a la luna, en tiempos de vacas flacas. El derecho a decidir como queremos vivir o a que dedicamos el tiempo libre, no es menos derecho que otro y de todos habrá que hablar. Dejando claro, que no me propongo arreglar el mundo en un diario de buceo.

Lo mas interesante del día de hoy, no son los preparativos del viaje, sino darme cuenta de que tengo mas ganas de hablar de la importancia de ser libre para poder tomar la decisión de ir a bucear al hielo, que de hablar de mi.

Buenas noches.

 

 

Pájaros enormes

 Pedro me señala al horizonte, a mi izquierda.

Habíamos ido a buscarlas lejos de la costa y parecían haber aceptado la cita. La corriente nos había alejado algo del cabo cuando vinieron lejanas hacia nosotros, una y otra y otra seguida de otra. Se seguían con un pausado y ensayado movimiento en las alas. Unas alas enormes que ganaban majestuosidad al acercarse.

Seres amorfamente lindos que tenían alas para moverse,  con las que abrían un espacio que marcaba  un invisible  camino en el gran azul. Volaban en el mar y volaron pasando tan cerca, como para tocarlas si mi tríceps apagado hubiera estirado el brazo. Tan cerca, que tuve que apartar la cabeza para no llevarme un aletazo. Eran pájaros enormes con aletas tan grandes como yo misma. Alas con piel de tiburón, suaves y lisas, siempre brillantes por el baño del agua.

La imaginación parecía no poder inventar un animal tan fascinador como había creado la diversidad del mar. Sus caras eran completamente desconocidas. Una gran boca, bajo dos pequeños ojos muy separados que sobresalían de su cara como en dos puntas de lanza, cada uno en una arista. Grisáceas en el lomo y blancas al dorso, donde sus branquias hacían sospechar que era un pez. Su cara y cuerpo era uno, que continuaba con dos grandes alas de tiburón triangulares y una fina y larga cola. Tan fantásticas como para amarlas, extrañas, diferentes y tan raras como yo para ellas.

A una profundidad de menos de diez metros, iban y venían acompañadas por enamoradas rémoras que saltaban de una a otra. Se movían con una armonía que me permitía disfrutarlas, mirarlas en multitud de distancias y en varios planos para luego desaparecer en una inmensa panorámica azul.

Un encuentro entre extraños al que me enganche, para repetir  y que no me hubiera importado alargar a la eternidad.

manta-raya 1 con marca de agua

 

manta-raya 2 marca de agua

A POC A POC; EL BOU FERRER

“El Bou Ferrer era sólo mi inmersión número sesenta, un barco lleno de ánforas que fotografiar mientras jugaba con el mar. No fui consciente de lo que suponía juntar la historia y el mar hasta que lo vi”

Descendíamos por el cabo observando el burbujeo de los compañeros y la inmensidad del azul. El sedimento había enterrado para su protección al  Bou Ferrer, un barco mercantil romano con unas 3.000 ánforas que contenían salsa de pescado, y que el Mediterráneo escondió  a unos 24 metros de profundidad. Una buena visibilidad comenzaba a dejarnos ver a unos 15 metros sus entrañas.

Bou Ferrer 5Al descubierto,maderas de la estructura del barco y una amplia cantidad de ánforas registradas con un número escrito en una etiqueta amarilla atada al cuello de cada una de ellas. Lingotes de plomo con inscripciones por descifrar y rejas puesta encima  del resto del barco para evitar robos. Espoliar parte de este barco del siglo I d.C ya había sido idea de cabezas poco lúcidas. Observábamos a escasos metros  mientras nos movíamos por una cuadricula acotada por unos cabos. DCIM112GOPRODurante los primeros minutos abajo, a la sensación de libertad del buceo se unía el encanto de la historia y lo  desconocido, para más tarde invadir mi cabeza de pensamientos sobre el trabajo de los arqueólogos subacuáticos. Medir el gasto de aire mientras trabajas con posturas acrobáticas. La interacción del agua que conserva y corroe, combinada  con el mimo y la paciencia. Buscar, contar y volver a dejar como estaba. Desenterrar la vida de los antiguos, regidos por  parámetros de tiempo actuales, ahí donde el mismo se paró hace mucho. Qué duro, qué bonito. Bou Ferrer 1Terminado el histórico encuentro, miraba el ordenador en el ascenso, minutos, metros, grados, porcentajes, números. El tiempo riéndose en mi cara me mandó con los romanos, con la de veces que he pataleado por no poder volver al pasado y las que  he querido agarrar los segundos para que no se escapara. Ya con la cabeza fuera del agua, se volvía a manifestar en la cara de todos los buzos esa sonrisa que durante unos minutos se mantiene después de una inmersión como tránsito del agua a la tierra.

Nuestra visita sería una experiencia para nosotros y un toque de atención para sumarnos a ser protectores de lo que vimos, cuantos más conozcamos la importancia del Bou Ferrer, más fuerte será la coraza que lo cuide. El conocimiento siempre fue la mejor arma.Bou Ferrer 4

La paciencia se esconde entre los rincones. Obligados a girar como peonzas, pagamos, sufrimos y nos exigimos. La locura se apodera de nosotros y el deber ser nos absorbe. En la eterna búsqueda  por frenar, he descubierto que dentro del agua el tiempo se relentiza, las pre-ocupaciones disminuyen en número, el momento presente se convierte en compañero y la tan añorada paz te sonríe para que la disfrutes. Acompañar esto, con un tiempo pasado que vuelve para contar historias, se convierte en un sueño con una dulce nana.Bou Ferrer 2

A Tomás Herrero, el jefe;

Sólo una mirada como la tuya pudo disfrutar este pecio con tanto cariño,Prueba de ello, que quisieras compartirlo.

Fotos cedidas por: Jose Antonio Moya.

 

 

Rodeada de agua: Islas

“Soy una sirena alejada del mar y mi silla trasforma la desesperanza en añoranza, la inmovilidad en movimiento y me ayuda a pensar cómo mantener mis escamas mojadas”

Cómo no ser una sirena que va sentada en una silla de ruedas. Pensándolo, es lo más inteligente que puede hacer una sirena que vive rodeada de edificios de hormigón. Ni siquiera me llega brisa de la periferia, vivo en el centro de la capital y lo más líquido que tengo cerca es el volumen en conjunto de toda las cervezas que se beben en las terrazas de mi calle los modernos, turistas y conocidos.

Aunque de apellidos catalanes y valencianos -aquí colindo con el mar- por este lado sólo me queda hablar de mis tatarabuelos.

Y yo, por sentirme, me siento manchega, una tierra muy alejada del mar en la Península Ibérica, la tierra de mi padre, mis tías y amigos. Manchega de la estepa, donde la tierra se agrieta, dura como para partir azadones y donde los atardeceres son, como mínimo, igual de bonitos que en el desierto, de lo llano que es el horizonte.Atardecer manchego

Más allá de mis circunstancias, mi personalidad me lleva a “maquinar” cómo volver al agua y aquí mi sangre manchega ha heredado lo que en mi tierra se conoce como “ansia viva” . Este proceder se podría definir como un incontrolable deseo de encabezonarse con algo que se quiere hacer, llevándolo al extremo y no cesando en el empeño, hasta conseguirlo. Pertenece a la familia semántica de “por mis huevos”, “con dos ovarios'” y muy alejado del conocido y popular “sí, se puede”, muchísimo más suave.

Con mi silla, kilos de hormigón y tierra llana aumentando el deseo, escamas pidiendo agua y una cantidad preocupante de “ansia viva”, me propongo rodearme de agua esta temporada primavera-verano.

Robado a Wikipedia

Robado a Wikipedia

Qué mejor que islas.
Las islas, lugares que han sido el espacio perfecto para grandes relatos, mágicamente vinculadas a la muerte y a lo femenino, soñadas y desconocidas para todo el que no es isleño, claro (estos suelen andar hartos de agua), tienen en sus definiciones el común denominador de; “rodeada completamente por una masa de agua” y así es como quiero estar yo.
La primera de la lista; La Graciosa, a ésta le seguirá otra, y otra -si mis muertos me siguen bendiciendo- Baleares, Azores, Cabo Verde y soñado mucho; Maldivas, cocos… ¿ por qué no? Se me ha metido en la cabeza rodearme de agua y de cabezona soy capaz de terminar reivindicado el peñón de Gibraltar.Nubes

Termino el post en el avión de vuelta de La Graciosa. Viaje relámpago, con mucha agüita y poco tiempo para escribir, pero con mucho que mascar para narrar historias, y pudiendo adelantar que las islas encierran mucho que contar, tanto para romper el mito, como para seguir soñando con la próxima.

Buceando con las bragas secas o ¿no?

Si alguien nos dice “estuve buceando este fin de semana” nuestra mente visiona un tipo mojado hasta las orejas llevando unas antiestéticas gafotas con un tubito pegado a un lado de las mismas de un estridente color fosforescente, neopreno negro y unas aletas de un color de una escala cromática muy alejada de la del tubito. Esta visión forjada en nuestra retina desde la infancia por Playmobil (1) y compañía (2) dista mucho de los buzos actuales que ahora parecen más bien astronautas y tienen más complementos que la Barbie (3). Uno de sus básicos para la temporada de otoño-invierno, es una traje con el que se puede salir del agua con las bragas secas. Se conoce comúnmente y sin más nombres como: Traje seco (4). Lo descubrí no hace mucho, lo probé en la piscina y buceé con él en el mar a principios de Semana Santa en Jávea.Javea - Anémona

El agua estaba a 15 grados, una temperatura perfecta para pasar frío buceando y comprobar si las virtudes de mi recién adquirido traje seco eran reales. Si conseguía el milagro de no pasar frío, soñar con bucear en el norte de la península, en el Atlántico o bajo el hielo podrían convertirse en locuras realizables para mí.Saludo al sol

Salimos el sábado a las tres de la mañana de Madrid para bucear en Jávea a las nueve. El plan inicial no era tan masoquista pero mi intestino, que es uno de mis enemigos más fieles, volvió a decidir tenernos esperándole.

Primer día de inmersiones. Llevaba unas mallas térmicas, un pantalón de chandal de la XL de algodón del güeno y doble de calcetines, bien estirados por encima del pantalón, camiseta térmica y para terminar la cebolla, un forro polar.

Mi traje seco es como uno de esos pijamas de bebé que llevan cubiertos hasta los piececitos pero de neopreno grueso negro azabache, con manguitos mucho más estrechos que mi mano, un cuello con la posibilidad de dejarte sin riego cerebral y una cremallera de latón en la espalda de hombro a hombro que te encierra en el sofisticado conjunto.

El traje secoComenzamos el ritual de ponerme el traje. Mi asistente iba metiendo el traje mientras una amiga y otros buzos espontáneos del centro de buceo tiraban de mis piernas y me alzaban para meter el traje hasta la cintura y quedarme arreglada para la fiesta en mi silla. Los últimos retoques; gafas, manoplas, capucha y meter la cabeza por ese agujero de neopreno del infierno, lo dejamos para la zodiac.

A la zodiac subí sin mi silla. Pusimos mi cojín en el suelo, me despatarré y apoyé mi espalda en el flotador (5) con Javi sentado detrás para evitar que mi cuerpo terminara clavado contra una botella de doce o si se decidía por tirarse a la derecha, con los dientes en los pies (6) del patrón. Rumbo al punto de inmersión.

Ahí estaba, metiendo mi cabeza en ese cuello primo hermano de los corsés de principios del XIX, disfrutando de una brisa primaveral, que llevaba mis cabellos hacia mi boca y que no sería mi amiga cuando saliera del agua con la nariz helada.

Me fueron escurriendo de la embarcación hasta notar el agua fría en mi nuca y en mi cara. Me cuestioné la necesidad de pasar por eso, hasta que me sumergí. Hicimos dos inmersiones ese día. Javi controlaba mi traje, el suyo, ambos jackets (7) y mi compensación (8). Fueron inmersiones complejas y sí, pasé frío en el agua y fuera, pero no me quitaron las ganas de repetir al día siguiente. Soy una jonki (9) del buceo.

El domingo, segundo día de inmersiones, repetimos la jugada haciendo unas mejoras. Apretamos una válvula por la que me había entrado agua el día anterior y me puse doble de ropa. Como muy bien me enseñó mi madre, mi maleta para 2 días llevaba una buena dosis de por sí acasos (10) entre los que había un arsenal de ropa térmica.Javea - Los Arcos

El viento andaba tranquilito y le permitió al sol calentarnos un poco, antes y después de las inmersiones. La grifería (11) la agarraba Deiviz y se encargaba del jacket. Javi controlaba el aire del traje. La compensación quedó en manos del primero que veía mi señal.

Las inmersiones habían ido bien, pero me quedaba la prueba final; ¿había conseguido bucear con las bragas secas? Al quitarme el traje en el centro comprobamos que sí, seca por todos los lados. Me hubiera podido ahorrar el engorro de cambiarme de ropa, pero las tres capas térmicas no eran el modelo adecuado para ir a comer cerca de la playita.

Creo que puedo decir que demostré tener los ovarios bien gordos, con un equipo fantástico para echarme un cable, pero faltaría a la verdad si no dijera que había otros dos ovarios más gordos cerca mío, los de mi asistente personal Noelia, que aguantó el tirón de levantarse el sábado de madrugada, dormir poco al día siguiente, aguantarme y ponerme el traje y esperar en la zodiac con vientos y soles, a que yo realizara mi prueba de fuego.

Espero que mis bragas secas me acompañen en más inmersiones y me permitan ir con ellas bajo el hielo.

 


Notas al pie

  1. Clics.
  2. Arganboy, madelman, actionman
  3. Muñeca culturalmente endosada a las niñas y preferida por los niños.
  4. Indumentaria de buceo de neopreno o ¿trilaminada?, que, inflándose por una válvula y desinflándose por otra para crear una capa de aire, te da aspecto de muñeco Michelin y te mantiene más calentito, te aísla del agua y te permite abrigarte con ropa y ropa poseído por el miedo a pasar frío a temperaturas no gratas. En la teoría.
  5. Borde circular relleno de aire que rodea toda la zodiac (es casi toda ella) en el que se depositan los pasajeros, buzos y no buzos, los cuales se agarran por medio de cuerdas cuando las olas les hacen brincar. Unos ríen jovialmente como si estuvieran en la intimidad de sus habitaciones, anhelando o recordando. Otros van pasando de blanco a azul y acercando sus futuras vomiteras a la boca.
  6. Volumen en litros del recipiente que se utiliza más comúnmente. También pueden usarse de 10 litros para los que consumimos menos, 15 para los que consumen más o combinaciones de “bombonas” (utilizar la palabra bombona rechina a los buceadores, pero es mi texto y defino como quiero). Los más frikis o profesionales bucean con más bombonas que las que puedo contar con mis manos, se las ponen a los lados, a la espalda; a estas práctica la llaman bucear en sidemount, backmount … etc, etc. También se las cruzan e incluso hacen trenzas de raíz con ellas. Llegandoa llevar hasta una procesión de tanques (nombre utilizado en Latinoamérica).
  7. Chaleco sin mangas que se hincha y se deshincha manualmente y permite a los buceadores subir y bajar del fondo del mar.
  8. Forma de igualar la presión que se genera en los oídos al bajar durante la inmersión. La forma más común es que el buceador/a se presiona la nariz para liberar la presión de los oídos. A mí, me la presionan.
  9. Persona/personaje enganchado a algo. Nombre mal asociado a enganchado a las drogas porque proliferan los enganchados a cosas muy diversas.
  10. Enseñanza familiar que me persigue. Costumbre enfermiza de llevar muchas más cosas de las que uno necesita, justificando el exceso con un millón de situaciones que podrían pasar hipotéticamente.
  11. Llave de la botella de buceo que nunca debes cerrar bajo el agua y lugar de agarre del buceador que me lleva en mis inmersiones.

CRÓNICA DE UNA CHARLA ANUNCIADA

…las pasiones, precisamente por ser pasiones, no siempre nos dan alegrías, a veces también se revuelven en nosotros mismos…

Hace unos días participé en una charla sobre “buceo adaptado”. La titulé “un acercamiento al buceo adaptado”. Sin duda fue un acercamiento, pero más bien al estilo “bienvenido Mister Marshall”, vino bastante gente y fueron muy participativos, lo cual valoro mucho. Yo, en la parte que me toca, creo que no conseguí explicar lo que fui a explicar.
Pensé que sí podía, que sin caer en el aplauso fácil o en la casilla de la “superación” podía explicar qué hago y cuál sería el ideal de buceo que necesitaría alguien como yo. Pero no, no estaba preparada, y sigo sin estarlo, para explicar racionalmente y en diapositivas qué es esto de bucear con una diversidad. No pude ordenarlo. Me dolió analizarlo (aunque fue muy necesario), perdí la razón, no utilicé buenos argumentos, y eso, me dolió más.Cartel charla

Mi “inclusión” en el mundo del buceo comenzó con una salida con una fundación que hacía “buceo adaptado”. Después mi personalidad, las personas con las que me he cruzado y el mundo me han permitido bucear mucho más allá de lo que nunca hubiera imaginado, hasta el punto de sentir la necesidad de querer compartirlo en un blog como este, en la radio, en charlas, destapándome y publicando mis sensaciones, mis sentimientos, mis preguntas y frustraciones.

El buceo es para mí una pasión. Y las pasiones, precisamente por ser pasiones, no siempre nos dan alegrías, a veces también se revuelven en nosotros mismos, llegan a lo más profundo, generan que nos cuestionemos lo que creíamos tener claro, trabajando incluso en nuestro subconsciente para descubrirnos algo.

Ahora no quiero mandar preguntas al aire, quiero tomar decisiones. La primera; decido que yo simplemente buceo (en twitter; #yotambienbuceo), que soy dependiente para hacerlo, sí, que mis inmersiones se las debo a quienes me ayudaron y me ayudarán, y a mis ovarios. La segunda decisión es seguir escribiendo sobre ello y la tercera, no analizar demasiado qué estoy haciendo. Los amantes se disfrutan, pueden contarse, pero para qué puntuarlos o encasillarlos si así pueden perder la magia del momento y la posibilidad de sorprendernos si repetimos.

Lo siento, estoy enamorada. Puedo hablar de ello sin guión e intentar contar qué siento. Te puedo decir que leas el blog, que hablemos de ello con unas cervezas o, si prefieres, que me mires a los ojos cuando salga del agua y saques tus propias conclusiones.

Gracias a los que fuisteis a la charla y a mis compañeros ponentes, por ayudarme a pensar y gracias a Teodora Tarta, una chica que se acercó a mí al final de la charla. Estaba ilusionada, me lo dijo, pero no hubiera sido necesario que lo hiciera, sus ojos y su sonrisa ya habían hablado por ella. Pensé que no quería perder la mía y que ojalá mis ojos transmitiesen sólo la mitad de lo que lo hicieron los suyos. Sin duda hará todo lo que se proponga.

Os dejo el video que preparamos para el final de la charla. Intentamos que fuera lo más accesible posible, haciéndolo audio-escrito.

Próximo reto: hacer el blog más accesible a todos.