DIARIO DEL HIELO

Lunes 23. A 6 días del hielo.

Cardiaca y “Normal”

No es que tenga miedo a perecer en la nieve, ni que este pensando  cómo reaccionará  mi cuerpo a los no sé cuántos grados bajo cero (la cifra exacta no la he querido ni preguntar) a los que estará bajo el hielo. Creo que estoy cardiaca, en gran parte, por el miedo a todo lo que no puedo controlar. La psicosis del control  no vino con la silla ni con la diversidad,la traía yo en los genes (o es un trauma que me causo mi padre el día que nací) pero lleva años conmigo, y ciertamente  se incrementa y se hace latente ante situaciones en las que hecho de menos no poder poner las manos delante cuando me puedo caer. Creo que meterme en un agujero  helado en una estación de esquí, es una de esas situaciones en las que sin manos, si me tengo que caer, me voy a caer igual, así que si acordonó la zona previamente, mejor, y eso, exige control.

Hoy mordería lo que fuera del manojo de  nervios que soy, quiero saber ya el final de la aventura y me digo que después de ésta me dedicare a leer y pintar el atardecer de mi ventana, como me propuse hace pocos años, aunque sé, que no es verdad.

Hice casi toda la maleta por la mañana y pase el día actualizando el bloc de notas con tareas pendientes importantísimas.

Según lo escribo me doy cuenta de lo estúpido del asunto y vuelvo a abrir el bloc de notas y añado “ llamar a mama para ver cuando recoge al perro”. Continuación de lo estúpido.

Que estas sean mis emociones y tareas de hoy, me acerca más a Britge Jones que a una tetraplejica al uso  y me lleva a pensar donde me situó yo, más allá de lo que un primer vistazo pueda decir mi cuerpo a los demás.

No le voy a quitar mérito a mi día a día o a el camino recorrido, pero no ver mi situación privilegiada dentro de mi colectivo, seria dármelas de ciega.

Debería cerrar mi diario rosa de hoy, proponiéndome contar a lo largo de estos días, intercalado  a las peripecias del buceo, con que recursos estoy contando yo para poder sentirme “ Sindy vacaciones”, que cambiarían la vida de mis iguales “las mujeres minusválidas” para ir a bucear al hielo o para hacer lo que se les pusiera en los ovarios. Consciente de que es complicado hablar del derecho a bucear o a hacer macramé mirando a la luna, en tiempos de vacas flacas. El derecho a decidir como queremos vivir o a que dedicamos el tiempo libre, no es menos derecho que otro y de todos habrá que hablar. Dejando claro, que no me propongo arreglar el mundo en un diario de buceo.

Lo mas interesante del día de hoy, no son los preparativos del viaje, sino darme cuenta de que tengo mas ganas de hablar de la importancia de ser libre para poder tomar la decisión de ir a bucear al hielo, que de hablar de mi.

Buenas noches.

 

 

Azores. La gruta de Pedro

Un rincón de Santa María

Si ahora lo busco en un mapa, parece no apuntar en ninguna dirección. Verdes. Perdido en el Atlántico. Montañas verdes. Perdido en la pequeña Isla. Yucas en flor, blancas y verdes. Ese rincón se grabó en mi memoria. Altos bancales de viñedos. Consiguió que las revoluciones de mi mente se frenaran con cada segundo que pasaba allí. barrancos verdes. Paz y calma. El musgo verde bajo el agua de una pequeña cascada .Sentí que podía coger aíre para el resto de mi vida. Verdes montañas cortadas que van a parar al azul del mar. Fue un regalo saber que bucearíamos allí cuando la embarcación nos dejó ver que estábamos frente a ese paisaje. El verde más verde se une al azul más azul. El punto de inmersión quedaba muy cerca de esa bahía. Bucearíamos debajo de aquel rincón perfecto.

rincón Azores

 

 

 

 

 

 

Debajo de un rincón de Santa María

El mar estaba quieto rompiendo la maldición que acompaña al nombre del Atlántico. Suave espuma blanca. Y el sol calentaba de sobra el día, preparando una entrada tranquila, lejos de las corrientes que habíamos sufrido otros días. Un cosquilleo del sol en el hombro.

La majestuosa gruta se alzaba entre dos rocas. Piedra. Formando un triangulo que escondía dentro un azul eterno. Los focos de mi casco alumbraban las paredes donde las estrellas de mar de diversos colores compartían espacio. Rojos, naranjas. Los rayos de luz cortaban la piedra dibujando contraluces en gamas de azules. Transparente que tiñe de azul la roca. La gruta se abrió y una visibilidad inmensa nos dejó ver bicudas, moreias, rainhas, castanhetas, salmonetes, una raia, el baile de una liebre de mar. Negra, suave, viva. Y huidizos peixes balão. Todo entre las rocas y la fina arena. Una eternidad, un instante. Fuera del agua. Barrancos verdes. La bahía nos daba una posición en la tierra y volvía a ser protagonista, dejando atrás un azul intenso que recuerdo en pocas inmersiones. Infinito.

Gruta de Pedro II. Azores

Un lugar mágico con nombre en la pequeña isla de Santa María. Nombre que yo no te daré y lugar que no debes perderte.Gruta de Pedro 3. Azores

 

Gracias Pedro, Jorge y Manuel. Siempre a Tere y a Javi.

¡20.000 visitas! posicionamiento S.O.S

Todo el texto que plantea esta entrada es una excusa para colgar el video que encontraréis al final de la misma. Podéis ahorraros el discurso que sigue, e incluso el video si tenéis otra cosa que hacer.

Este video se comenzó hace años y su elaboración ha llevado lustros, así que os veréis más jóvenes. Adoro y respeto a su creador por mil virtudes y seis o siete defectos, y aunque ya os digo que el video no tiene mucho fondo y lo más pesado y bonito ha sido pedir y encajar vuestras fotos, tiene la intención de dar las gracias, que siempre son pocas, con cañeo y alevosía, como me gusta, y dar difusión a un blog que abandono en reiteradas ocasiones y luzco orgullosa en otras, pero que continuo porque escribir me descubre, me enseña a mirar y me ayuda a vomitar opiniones corregidas.

Rezare para no perder el norte de narrar lo que me apasiona y no ahogarme en contar los “me gustas”, el “retuiteo”, los posicionamientos SEO, o las estadísticas de visitas, y lucharé con una demanda de información que es más rápida que el punzón con el que escribo, porque consciente de que el blog y yo podemos ser más tristemente olvidados que un perro en la puerta de un súper, mi supervivencia bloguera depende de mi capacidad de trabajo y de no perder las ganas de tirarme a la piscina o más correctamente al mar, por lo que tratare de mimar y cuidar lo que aquí escriba y transmitir esas vibraciones que más fuertes que las feromonas de un caniche me acercan a quien me lee.

Para los que leyeron hasta aquí, espero que os guste el video y gracias por aguantarme en el sentimiento.

Hace un día gris, pero tú haces que vuele

Hoy hace un día gris como los que nos despertaban en La Graciosa cuando íbamos a bucear, que me ha recordado que una vez fui en zodiac de la isla de La Graciosa a Lanzarote, atada al asiento del patrón viendo a mi silla de ruedas jugarse la vida en el centro de una embarcación rodeada de maletas.

Ir en una zodiac siempre es una experiencia adrenalina y excitante. He ido despatarrada como un muñeco de plástico en el suelo, apoyando la espalda en el flotador y sujeta por más manos de las que puedo contar. También he tenido la suerte de ir sobre las piernas de algún mozo mojado de neopreno apretado, que sujeta mi brazo alrededor de su cuello para que no me tronche hacia tras. O como una señora, sentada en el asiento del patrón procurando tener cerca a mi asistente para subiéndome cada vez que me escurro con los botes.

Pero en esa ocasión la diferencia principal es que ni venia, ni iba a ver peces.

Debían ser las cinco de la mañana y el ferry que nos podía llevar a Lanzarote salía lo suficientemente tarde como para que perdiéramos el vuelo, así que el centro de buceo se ofreció como transporte alternativo y nos dio el último paseo en zodiac del viaje.

Llegamos al muelle todo el grupo de buceo con un arsenal de maletas, todavía era de noche y aunque al sol le quedaba poco para dar la cara, ahí no sonreía ni Dios por culpa del madrugón. Los compañeros del grupo de buceo cargaron las maletas en el centro de la zodiac y se sentaron en el flotador, poniendo bajo su culo una bolsa de basura para no calarse. Nadie pensó en ponerse el neopreno para coger el vuelo y nadie cayó en el “por si acaso me toca volver en zodiac”, cuando hizo la maleta. Así todos situados, yo en esta ocasión sentadita en el asiento del patrón con la capucha de la sudadero bien encajada en la cabeza y observando mi silla en el centro del barco presidiendo la travesía, tomamos rumbo a Lanzarote para terminar el puente de mayo.IMG_1568

Con un frío matutino que despertaba a un oso, bote para arriba y bote abajo, entrábamos en contacto con el agua, que sin medida nos daba una de cubo de agua y otra de gotitas de rocío, despertándonos y dejando que se dibujaran sonrisas en la cara de todos mientras recorríamos los 3 kilómetros que separaban las 2 islas. El olor del mar y las nubes que se levantaban para dejarnos ver los perfiles de ambas islas a un lado y otro, se mezclaban con ese nudo de felicidad y tristeza que aparece al final de cada viaje. Yo como loca viendo mi maleta viajando junto a mi silla en medio del atlántico en una neumática, con el alivió de lo que salió bien y emocionada con lo conocido.

Así entre recuerdos, cuando uno se pregunta por qué hace lo que hace, esto tan sonado, al menos de la boca de las madres, de; -que ganas de- toma un sentido claro; -por vivir, “mamá”, por vivir-.

Y aunque en este placido momento de escritura no cambio mi calefacción y mi chándal por ninguna propuesta, haber decido subir a una zodiac, en esa y en otras ocasiones, alimenta mi felicidad más que un bocadillo de paté y me da esperanza en la apocalíptica visión del mundo y la vida que se suele presentar en nuestras cabezas cada invierno.

Alimentemos nuestros sueños, la estación invernal comienza.

Pájaros enormes

 Pedro me señala al horizonte, a mi izquierda.

Habíamos ido a buscarlas lejos de la costa y parecían haber aceptado la cita. La corriente nos había alejado algo del cabo cuando vinieron lejanas hacia nosotros, una y otra y otra seguida de otra. Se seguían con un pausado y ensayado movimiento en las alas. Unas alas enormes que ganaban majestuosidad al acercarse.

Seres amorfamente lindos que tenían alas para moverse,  con las que abrían un espacio que marcaba  un invisible  camino en el gran azul. Volaban en el mar y volaron pasando tan cerca, como para tocarlas si mi tríceps apagado hubiera estirado el brazo. Tan cerca, que tuve que apartar la cabeza para no llevarme un aletazo. Eran pájaros enormes con aletas tan grandes como yo misma. Alas con piel de tiburón, suaves y lisas, siempre brillantes por el baño del agua.

La imaginación parecía no poder inventar un animal tan fascinador como había creado la diversidad del mar. Sus caras eran completamente desconocidas. Una gran boca, bajo dos pequeños ojos muy separados que sobresalían de su cara como en dos puntas de lanza, cada uno en una arista. Grisáceas en el lomo y blancas al dorso, donde sus branquias hacían sospechar que era un pez. Su cara y cuerpo era uno, que continuaba con dos grandes alas de tiburón triangulares y una fina y larga cola. Tan fantásticas como para amarlas, extrañas, diferentes y tan raras como yo para ellas.

A una profundidad de menos de diez metros, iban y venían acompañadas por enamoradas rémoras que saltaban de una a otra. Se movían con una armonía que me permitía disfrutarlas, mirarlas en multitud de distancias y en varios planos para luego desaparecer en una inmensa panorámica azul.

Un encuentro entre extraños al que me enganche, para repetir  y que no me hubiera importado alargar a la eternidad.

manta-raya 1 con marca de agua

 

manta-raya 2 marca de agua

A POC A POC; EL BOU FERRER

“El Bou Ferrer era sólo mi inmersión número sesenta, un barco lleno de ánforas que fotografiar mientras jugaba con el mar. No fui consciente de lo que suponía juntar la historia y el mar hasta que lo vi”

Descendíamos por el cabo observando el burbujeo de los compañeros y la inmensidad del azul. El sedimento había enterrado para su protección al  Bou Ferrer, un barco mercantil romano con unas 3.000 ánforas que contenían salsa de pescado, y que el Mediterráneo escondió  a unos 24 metros de profundidad. Una buena visibilidad comenzaba a dejarnos ver a unos 15 metros sus entrañas.

Bou Ferrer 5Al descubierto,maderas de la estructura del barco y una amplia cantidad de ánforas registradas con un número escrito en una etiqueta amarilla atada al cuello de cada una de ellas. Lingotes de plomo con inscripciones por descifrar y rejas puesta encima  del resto del barco para evitar robos. Espoliar parte de este barco del siglo I d.C ya había sido idea de cabezas poco lúcidas. Observábamos a escasos metros  mientras nos movíamos por una cuadricula acotada por unos cabos. DCIM112GOPRODurante los primeros minutos abajo, a la sensación de libertad del buceo se unía el encanto de la historia y lo  desconocido, para más tarde invadir mi cabeza de pensamientos sobre el trabajo de los arqueólogos subacuáticos. Medir el gasto de aire mientras trabajas con posturas acrobáticas. La interacción del agua que conserva y corroe, combinada  con el mimo y la paciencia. Buscar, contar y volver a dejar como estaba. Desenterrar la vida de los antiguos, regidos por  parámetros de tiempo actuales, ahí donde el mismo se paró hace mucho. Qué duro, qué bonito. Bou Ferrer 1Terminado el histórico encuentro, miraba el ordenador en el ascenso, minutos, metros, grados, porcentajes, números. El tiempo riéndose en mi cara me mandó con los romanos, con la de veces que he pataleado por no poder volver al pasado y las que  he querido agarrar los segundos para que no se escapara. Ya con la cabeza fuera del agua, se volvía a manifestar en la cara de todos los buzos esa sonrisa que durante unos minutos se mantiene después de una inmersión como tránsito del agua a la tierra.

Nuestra visita sería una experiencia para nosotros y un toque de atención para sumarnos a ser protectores de lo que vimos, cuantos más conozcamos la importancia del Bou Ferrer, más fuerte será la coraza que lo cuide. El conocimiento siempre fue la mejor arma.Bou Ferrer 4

La paciencia se esconde entre los rincones. Obligados a girar como peonzas, pagamos, sufrimos y nos exigimos. La locura se apodera de nosotros y el deber ser nos absorbe. En la eterna búsqueda  por frenar, he descubierto que dentro del agua el tiempo se relentiza, las pre-ocupaciones disminuyen en número, el momento presente se convierte en compañero y la tan añorada paz te sonríe para que la disfrutes. Acompañar esto, con un tiempo pasado que vuelve para contar historias, se convierte en un sueño con una dulce nana.Bou Ferrer 2

A Tomás Herrero, el jefe;

Sólo una mirada como la tuya pudo disfrutar este pecio con tanto cariño,Prueba de ello, que quisieras compartirlo.

Fotos cedidas por: Jose Antonio Moya.

 

 

Buceando con las bragas secas o ¿no?

Si alguien nos dice “estuve buceando este fin de semana” nuestra mente visiona un tipo mojado hasta las orejas llevando unas antiestéticas gafotas con un tubito pegado a un lado de las mismas de un estridente color fosforescente, neopreno negro y unas aletas de un color de una escala cromática muy alejada de la del tubito. Esta visión forjada en nuestra retina desde la infancia por Playmobil (1) y compañía (2) dista mucho de los buzos actuales que ahora parecen más bien astronautas y tienen más complementos que la Barbie (3). Uno de sus básicos para la temporada de otoño-invierno, es una traje con el que se puede salir del agua con las bragas secas. Se conoce comúnmente y sin más nombres como: Traje seco (4). Lo descubrí no hace mucho, lo probé en la piscina y buceé con él en el mar a principios de Semana Santa en Jávea.Javea - Anémona

El agua estaba a 15 grados, una temperatura perfecta para pasar frío buceando y comprobar si las virtudes de mi recién adquirido traje seco eran reales. Si conseguía el milagro de no pasar frío, soñar con bucear en el norte de la península, en el Atlántico o bajo el hielo podrían convertirse en locuras realizables para mí.Saludo al sol

Salimos el sábado a las tres de la mañana de Madrid para bucear en Jávea a las nueve. El plan inicial no era tan masoquista pero mi intestino, que es uno de mis enemigos más fieles, volvió a decidir tenernos esperándole.

Primer día de inmersiones. Llevaba unas mallas térmicas, un pantalón de chandal de la XL de algodón del güeno y doble de calcetines, bien estirados por encima del pantalón, camiseta térmica y para terminar la cebolla, un forro polar.

Mi traje seco es como uno de esos pijamas de bebé que llevan cubiertos hasta los piececitos pero de neopreno grueso negro azabache, con manguitos mucho más estrechos que mi mano, un cuello con la posibilidad de dejarte sin riego cerebral y una cremallera de latón en la espalda de hombro a hombro que te encierra en el sofisticado conjunto.

El traje secoComenzamos el ritual de ponerme el traje. Mi asistente iba metiendo el traje mientras una amiga y otros buzos espontáneos del centro de buceo tiraban de mis piernas y me alzaban para meter el traje hasta la cintura y quedarme arreglada para la fiesta en mi silla. Los últimos retoques; gafas, manoplas, capucha y meter la cabeza por ese agujero de neopreno del infierno, lo dejamos para la zodiac.

A la zodiac subí sin mi silla. Pusimos mi cojín en el suelo, me despatarré y apoyé mi espalda en el flotador (5) con Javi sentado detrás para evitar que mi cuerpo terminara clavado contra una botella de doce o si se decidía por tirarse a la derecha, con los dientes en los pies (6) del patrón. Rumbo al punto de inmersión.

Ahí estaba, metiendo mi cabeza en ese cuello primo hermano de los corsés de principios del XIX, disfrutando de una brisa primaveral, que llevaba mis cabellos hacia mi boca y que no sería mi amiga cuando saliera del agua con la nariz helada.

Me fueron escurriendo de la embarcación hasta notar el agua fría en mi nuca y en mi cara. Me cuestioné la necesidad de pasar por eso, hasta que me sumergí. Hicimos dos inmersiones ese día. Javi controlaba mi traje, el suyo, ambos jackets (7) y mi compensación (8). Fueron inmersiones complejas y sí, pasé frío en el agua y fuera, pero no me quitaron las ganas de repetir al día siguiente. Soy una jonki (9) del buceo.

El domingo, segundo día de inmersiones, repetimos la jugada haciendo unas mejoras. Apretamos una válvula por la que me había entrado agua el día anterior y me puse doble de ropa. Como muy bien me enseñó mi madre, mi maleta para 2 días llevaba una buena dosis de por sí acasos (10) entre los que había un arsenal de ropa térmica.Javea - Los Arcos

El viento andaba tranquilito y le permitió al sol calentarnos un poco, antes y después de las inmersiones. La grifería (11) la agarraba Deiviz y se encargaba del jacket. Javi controlaba el aire del traje. La compensación quedó en manos del primero que veía mi señal.

Las inmersiones habían ido bien, pero me quedaba la prueba final; ¿había conseguido bucear con las bragas secas? Al quitarme el traje en el centro comprobamos que sí, seca por todos los lados. Me hubiera podido ahorrar el engorro de cambiarme de ropa, pero las tres capas térmicas no eran el modelo adecuado para ir a comer cerca de la playita.

Creo que puedo decir que demostré tener los ovarios bien gordos, con un equipo fantástico para echarme un cable, pero faltaría a la verdad si no dijera que había otros dos ovarios más gordos cerca mío, los de mi asistente personal Noelia, que aguantó el tirón de levantarse el sábado de madrugada, dormir poco al día siguiente, aguantarme y ponerme el traje y esperar en la zodiac con vientos y soles, a que yo realizara mi prueba de fuego.

Espero que mis bragas secas me acompañen en más inmersiones y me permitan ir con ellas bajo el hielo.

 


Notas al pie

  1. Clics.
  2. Arganboy, madelman, actionman
  3. Muñeca culturalmente endosada a las niñas y preferida por los niños.
  4. Indumentaria de buceo de neopreno o ¿trilaminada?, que, inflándose por una válvula y desinflándose por otra para crear una capa de aire, te da aspecto de muñeco Michelin y te mantiene más calentito, te aísla del agua y te permite abrigarte con ropa y ropa poseído por el miedo a pasar frío a temperaturas no gratas. En la teoría.
  5. Borde circular relleno de aire que rodea toda la zodiac (es casi toda ella) en el que se depositan los pasajeros, buzos y no buzos, los cuales se agarran por medio de cuerdas cuando las olas les hacen brincar. Unos ríen jovialmente como si estuvieran en la intimidad de sus habitaciones, anhelando o recordando. Otros van pasando de blanco a azul y acercando sus futuras vomiteras a la boca.
  6. Volumen en litros del recipiente que se utiliza más comúnmente. También pueden usarse de 10 litros para los que consumimos menos, 15 para los que consumen más o combinaciones de “bombonas” (utilizar la palabra bombona rechina a los buceadores, pero es mi texto y defino como quiero). Los más frikis o profesionales bucean con más bombonas que las que puedo contar con mis manos, se las ponen a los lados, a la espalda; a estas práctica la llaman bucear en sidemount, backmount … etc, etc. También se las cruzan e incluso hacen trenzas de raíz con ellas. Llegandoa llevar hasta una procesión de tanques (nombre utilizado en Latinoamérica).
  7. Chaleco sin mangas que se hincha y se deshincha manualmente y permite a los buceadores subir y bajar del fondo del mar.
  8. Forma de igualar la presión que se genera en los oídos al bajar durante la inmersión. La forma más común es que el buceador/a se presiona la nariz para liberar la presión de los oídos. A mí, me la presionan.
  9. Persona/personaje enganchado a algo. Nombre mal asociado a enganchado a las drogas porque proliferan los enganchados a cosas muy diversas.
  10. Enseñanza familiar que me persigue. Costumbre enfermiza de llevar muchas más cosas de las que uno necesita, justificando el exceso con un millón de situaciones que podrían pasar hipotéticamente.
  11. Llave de la botella de buceo que nunca debes cerrar bajo el agua y lugar de agarre del buceador que me lleva en mis inmersiones.