INVENTANDO COMO HACER ACCESIBLE EL MAR ROJO

Lalo el instructor de buceo adaptado que me propuso acompañarles en este viaje, es un “Mac Gyver” del buceo, o a mi me lo está demostrando,  el otro día después de varios inventos, vimos que una buena cincha podía ser la solución, para que él me ayudara a moverme por el barco.

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Uno de los retos del viaje al Mar rojo, por lo menos en mi caso, es cómo voy a hacer vida en el barco teniendo en cuenta que no está adaptado y que es mayoritariamente inaccesible.

Los espacios pequeños del camarote y el baño, sé que los solucionaremos a la hora de vestirme o lavarme, inventando formulas para moverme entre dos, con mi asistente personal; Gema  y mi amiga Clara como principales, ya se verá si alguien más se anima. Si mi estomago se comporta más o menos, y se hermana con mi intestino, tenemos una parte hecha.

Bastante pesado va ser para las chicas ocuparse de mí en el camarote  o  poniéndome el neopreno, como para estar moviéndome por el barco, por eso de  la inaccesibilidad  me preocupa  por ejemplo; cómo lo haremos  a la hora de tener que subir o bajar por la escalera, o tener que pasarme a diferentes espacios, ya que la escalera mide sesenta centímetros de ancho y mi silla manual debe tener unos setenta centímetros. Otro problema importante que los demás salvan subiendo por una escalera, será sacarme del agua teniendo en cuenta la distancia que hay desde el  agua al barco.

La semilla

A veces parece que a las personas con diversidad funcional (discapacidad) hay que sacarnos a que nos dé el aire un poquito, adaptarnos una actividad, ver que podemos y  guardarnos otra vez para que en el desfile de la vida salgan sólo los guapos, igual que se hace con los niños “un chupachus y a casa”; pero señores, nosotros no somos niños y de vez en cuando también queremos sacar los pies del tiesto,  a mí se me había dicho que podía bucear y ahora, quién era él que me decía que no.

La semillita se había plantado, no quería que el buceo se quedara en probar y ya está.

A veces parece que a las personas con diversidad funcional (discapacidad) hay que sacarnos a que nos dé el aire un poquito, adaptarnos una actividad, ver que podemos y  guardarnos otra vez para que en el desfile de la vida salgan sólo los guapos, igual que se hace con los niños “un chupachus y a casa”; pero señores, nosotros no somos niños y de vez en cuando también queremos sacar los pies del tiesto, a mí se me había dicho que podía bucear y ahora, quién era el que me decía que no.

El concepto de integración está muy mal usado, parece que nos integran: el día de la discapacidad, el día de los derechos humanos y tambien cuando los bancos tenían dinero para “obra social”, así que si no me integran, ya me integro yo (espero que algún día seamos muchos los que podamos decir esto y hagamos nosotros obra social con los bancos), pero sin desviarme del tema, pensé que me iba a integrar en esto del buceo y ya vería cuánto de integrado estaba el buceo.

Y volví a recurrir a esto de la cadena de contactos que se hacen, y recordé que Ruth (una de las buzas que había conocido en Murcia) era de Tenerife, ¿y dónde hace más de 20 grados en España todo el año?, en Canarias. Yo tengo la termorregulación de un prematuro, soy feliz a 30 grados, si en Murcia ya había comprobado que, en el mundo del buceo, la temperatura es un factor a tener presente y no quería esperar muchos meses para volver a bucear, tenía que buscar un sitio calentito, así que me puse en contacto.

Rut no tardo en decirme que sí, en ayudarme a buscar alojamiento y planificar el viaje. Los títulos no eran lo más importante, pero si me iba hasta Tenerife tenían que ser varios días y me propuse intentar sacarme el Open Water allí.

Me faltaban los cómplices, ya tenía un asistente personal y como ya había tirado de madre en Murcia, pensé en tirar de padre y me dijo que sí.

Veía un viaje más engorroso que en la península y padre ya está  “cascao”, recordé un comentario de un primo mío en el facebook del rollo: “qué guay, avísame para la próxima” (cuando colgué las fotos de Murcia); no tarde en tomármelo al pie de la letra y él no tardo en decírselo a su hermano.

Éramos una tropa de 5; 4 útiles y “una marimandona”, busque billetes baratos, cuadramos  fecha, y el 10 de Noviembre aterrizamos en Tenerife.

Empezar a bucear

Aquí ya esta todo inventado,no nos vayamos a creer que nos iluminamos y comenzamos a gestar una idea,bueno,creo que alguno que otro,si lo hizo; Arquímedes en su bañera o Einstein en sus teorías,pero normalmente los encuentros entre las personas son los que nos enseñan nuevas cosas,pudiendo enriquecernos unos de otros

La idea de bucear, me la regalo mi amiga Carolina, una chica con una diversidad similar a la mía, y que ahora es deportista paralímpica.

Carolina me había animado más de una vez para acompañarla a  esquiar o a bucear, con una asociación que te preparaba todo el viaje; los hoteles accesibles, la actividad planteada para poder hacerla adaptada, y un precio majo por el paquete completo de viaje.

Porque no me terminaba de atrever, o no me cuadraban las fechas nunca la acompañe, pero el verano de 2011 necesitaba que terminara con un viaje o una actividad independiente, no quería un viaje entre varios amigos, necesitaba decir; “yo me voy a …”,sin cuadrarlo más que con un asistente personal, quería  hacer algo “relativamente sola” .

Recordé a esta asociación e indague en la página, tenían programado un viaje de Iniciación al  buceo adaptado un fin de semana a finales de septiembre, y vi la oportunidad clara, hablé con mi asistente, cuadramos la remuneración por el viaje, y se lo propuse a mi madre, para tener dos personas para ayudarme.

Tenía un montón de dudas; como iba a manejar la incontinencia, como ponerme un neopreno, teniendo en cuenta que subirme un vaquero ya cuesta, y todos los miedos del mundo en relación con el hecho de bucear; como me sentiría, o si sería capaz de respirar  con el regulador debajo del agua.

Fuera del agua mi autonomía ya escasea, ¿qué pasaría dentro del agua sin poderme comunicar?.

Si te lo piensas mucho no lo haces, así que fui resolviendo dudas y necesidades a medida que preparaba el viaje; les pedí que llevaran una camilla para poder tumbarme en el vestuario para ponerme y quitarme el  neopreno, hable con Carolina para resolver dudas; ¿Cómo te suben al barco con la silla? ¿cómo te bajan al agua?, Y hablando con buzos me comentaron aquello de; “Hay dos tipos de buzos; los que se mean, y los que no lo dicen”, creo que esta frase tiene detractores, pero a mí  siempre me  ha venido al pelo, si no he podido sondarme entre inmersiones.

Con una maleta enorme de  “por si acasos”  el 23  de septiembre, nos fuimos para L´Azohía, Murcia.