Buceando con las bragas secas o ¿no?

Si alguien nos dice “estuve buceando este fin de semana” nuestra mente visiona un tipo mojado hasta las orejas llevando unas antiestéticas gafotas con un tubito pegado a un lado de las mismas de un estridente color fosforescente, neopreno negro y unas aletas de un color de una escala cromática muy alejada de la del tubito. Esta visión forjada en nuestra retina desde la infancia por Playmobil (1) y compañía (2) dista mucho de los buzos actuales que ahora parecen más bien astronautas y tienen más complementos que la Barbie (3). Uno de sus básicos para la temporada de otoño-invierno, es una traje con el que se puede salir del agua con las bragas secas. Se conoce comúnmente y sin más nombres como: Traje seco (4). Lo descubrí no hace mucho, lo probé en la piscina y buceé con él en el mar a principios de Semana Santa en Jávea.Javea - Anémona

El agua estaba a 15 grados, una temperatura perfecta para pasar frío buceando y comprobar si las virtudes de mi recién adquirido traje seco eran reales. Si conseguía el milagro de no pasar frío, soñar con bucear en el norte de la península, en el Atlántico o bajo el hielo podrían convertirse en locuras realizables para mí.Saludo al sol

Salimos el sábado a las tres de la mañana de Madrid para bucear en Jávea a las nueve. El plan inicial no era tan masoquista pero mi intestino, que es uno de mis enemigos más fieles, volvió a decidir tenernos esperándole.

Primer día de inmersiones. Llevaba unas mallas térmicas, un pantalón de chandal de la XL de algodón del güeno y doble de calcetines, bien estirados por encima del pantalón, camiseta térmica y para terminar la cebolla, un forro polar.

Mi traje seco es como uno de esos pijamas de bebé que llevan cubiertos hasta los piececitos pero de neopreno grueso negro azabache, con manguitos mucho más estrechos que mi mano, un cuello con la posibilidad de dejarte sin riego cerebral y una cremallera de latón en la espalda de hombro a hombro que te encierra en el sofisticado conjunto.

El traje secoComenzamos el ritual de ponerme el traje. Mi asistente iba metiendo el traje mientras una amiga y otros buzos espontáneos del centro de buceo tiraban de mis piernas y me alzaban para meter el traje hasta la cintura y quedarme arreglada para la fiesta en mi silla. Los últimos retoques; gafas, manoplas, capucha y meter la cabeza por ese agujero de neopreno del infierno, lo dejamos para la zodiac.

A la zodiac subí sin mi silla. Pusimos mi cojín en el suelo, me despatarré y apoyé mi espalda en el flotador (5) con Javi sentado detrás para evitar que mi cuerpo terminara clavado contra una botella de doce o si se decidía por tirarse a la derecha, con los dientes en los pies (6) del patrón. Rumbo al punto de inmersión.

Ahí estaba, metiendo mi cabeza en ese cuello primo hermano de los corsés de principios del XIX, disfrutando de una brisa primaveral, que llevaba mis cabellos hacia mi boca y que no sería mi amiga cuando saliera del agua con la nariz helada.

Me fueron escurriendo de la embarcación hasta notar el agua fría en mi nuca y en mi cara. Me cuestioné la necesidad de pasar por eso, hasta que me sumergí. Hicimos dos inmersiones ese día. Javi controlaba mi traje, el suyo, ambos jackets (7) y mi compensación (8). Fueron inmersiones complejas y sí, pasé frío en el agua y fuera, pero no me quitaron las ganas de repetir al día siguiente. Soy una jonki (9) del buceo.

El domingo, segundo día de inmersiones, repetimos la jugada haciendo unas mejoras. Apretamos una válvula por la que me había entrado agua el día anterior y me puse doble de ropa. Como muy bien me enseñó mi madre, mi maleta para 2 días llevaba una buena dosis de por sí acasos (10) entre los que había un arsenal de ropa térmica.Javea - Los Arcos

El viento andaba tranquilito y le permitió al sol calentarnos un poco, antes y después de las inmersiones. La grifería (11) la agarraba Deiviz y se encargaba del jacket. Javi controlaba el aire del traje. La compensación quedó en manos del primero que veía mi señal.

Las inmersiones habían ido bien, pero me quedaba la prueba final; ¿había conseguido bucear con las bragas secas? Al quitarme el traje en el centro comprobamos que sí, seca por todos los lados. Me hubiera podido ahorrar el engorro de cambiarme de ropa, pero las tres capas térmicas no eran el modelo adecuado para ir a comer cerca de la playita.

Creo que puedo decir que demostré tener los ovarios bien gordos, con un equipo fantástico para echarme un cable, pero faltaría a la verdad si no dijera que había otros dos ovarios más gordos cerca mío, los de mi asistente personal Noelia, que aguantó el tirón de levantarse el sábado de madrugada, dormir poco al día siguiente, aguantarme y ponerme el traje y esperar en la zodiac con vientos y soles, a que yo realizara mi prueba de fuego.

Espero que mis bragas secas me acompañen en más inmersiones y me permitan ir con ellas bajo el hielo.

 


Notas al pie

  1. Clics.
  2. Arganboy, madelman, actionman
  3. Muñeca culturalmente endosada a las niñas y preferida por los niños.
  4. Indumentaria de buceo de neopreno o ¿trilaminada?, que, inflándose por una válvula y desinflándose por otra para crear una capa de aire, te da aspecto de muñeco Michelin y te mantiene más calentito, te aísla del agua y te permite abrigarte con ropa y ropa poseído por el miedo a pasar frío a temperaturas no gratas. En la teoría.
  5. Borde circular relleno de aire que rodea toda la zodiac (es casi toda ella) en el que se depositan los pasajeros, buzos y no buzos, los cuales se agarran por medio de cuerdas cuando las olas les hacen brincar. Unos ríen jovialmente como si estuvieran en la intimidad de sus habitaciones, anhelando o recordando. Otros van pasando de blanco a azul y acercando sus futuras vomiteras a la boca.
  6. Volumen en litros del recipiente que se utiliza más comúnmente. También pueden usarse de 10 litros para los que consumimos menos, 15 para los que consumen más o combinaciones de “bombonas” (utilizar la palabra bombona rechina a los buceadores, pero es mi texto y defino como quiero). Los más frikis o profesionales bucean con más bombonas que las que puedo contar con mis manos, se las ponen a los lados, a la espalda; a estas práctica la llaman bucear en sidemount, backmount … etc, etc. También se las cruzan e incluso hacen trenzas de raíz con ellas. Llegandoa llevar hasta una procesión de tanques (nombre utilizado en Latinoamérica).
  7. Chaleco sin mangas que se hincha y se deshincha manualmente y permite a los buceadores subir y bajar del fondo del mar.
  8. Forma de igualar la presión que se genera en los oídos al bajar durante la inmersión. La forma más común es que el buceador/a se presiona la nariz para liberar la presión de los oídos. A mí, me la presionan.
  9. Persona/personaje enganchado a algo. Nombre mal asociado a enganchado a las drogas porque proliferan los enganchados a cosas muy diversas.
  10. Enseñanza familiar que me persigue. Costumbre enfermiza de llevar muchas más cosas de las que uno necesita, justificando el exceso con un millón de situaciones que podrían pasar hipotéticamente.
  11. Llave de la botella de buceo que nunca debes cerrar bajo el agua y lugar de agarre del buceador que me lleva en mis inmersiones.

EL CENOTE.EL PIT

Un enorme agujero. Estamos flotando en el agua y Javi me sostiene erguida sujetando mis piernas con las suyas, y agarrando por momentos de mi chaleco de buceo cuando me voy hacia delante. Atrás queda ya una empinada escalera y, unos cuantos metros arriba, la selva. Nos miramos a través de las gafas y él me hace una señal, uniendo su dedo índice al pulgar y levantando los demás. Yo afirmo con la cabeza que estoy lista, moviéndola de arriba a abajo.entrada al Pit
Las 12:14 marca mi ordenador de buceo.
Nuestras pupilas no se separan hasta repasar todo lo que necesitan saber antes de sumergirnos y se mandan preguntas que no podemos contestarnos por ahora. Respiro el gas que me proporciona mi regulador. Mi respiración es pausada y comienzo a escuchar las burbujas que el aire y el agua generan al mezclarse.
Ahora entre dos medios.
Ahora rodeados de agua.
Aparte de Javi también bajan conmigo Ruth y Ángel. En otro grupo Aitor, Guille y Tere, mi asistente personal.
Nos dijo Ángel que bajaríamos unos 30 metros y luego iríamos ascendiendo por las paredes del cenote, observándolo.
No es el primer cenote en el que buceamos en el viaje. Esos enormes agujeros de agua transparente, que se ocultan entre los verdes de la selva media mexicana, te atrapan, te conectan con el interior de la tierra. Metros de túneles inundados, recovecos amplios y estrechos que respiran por salidas que permiten a la luz entrar para pintar contraluces. La mente disfruta sin poder retener más allá del momento presente, tan presente como conectado al pasado. Sus imponentes estalactitas cuentan su historia, conectan con sus civilizaciones muertas.
Compenso. Javi aprieta la máscara a la altura de mi nariz, se unen mis fosas nasales y dejo de notar la presión en mis oídos.
El aire que queda entre mis ojos y mis gafas, el agua cristalina, los focos de mi casco, sus linternas y los rayos de sol, nos permiten ver. Elegimos qué mirar o eso creemos.
Ruth me vigila y mantenemos un buen contacto visual. Ya somos viejas compañeras bajo el agua y bucear con ella me recuerda muchos mares y asegura a mis sueños otros por conocer.El Pit
A Ángel lo conozco de hoy, no ha dudado que teníamos que estar ahí, nos quiere enseñar algo y me genera seguridad. Él ya conoce este cenote, nos dijo que bajaríamos unos 30 metros.
Pienso qué puede haber a 30 metros, no necesitamos tantos metros en otros para disfrutarlos, pero no rechazamos la propuesta de entrar en éste cuando se nos hizo.
Estamos bajando.
Giro la muñeca, 2,30 metros aparece en el centro a la derecha en la pantalla.
Ya no tengo a Javi delante de mí, está detrás agarrando mi grifería, buscando una buena postura para los dos y sólo veo su mano para indicarme si necesito compensar. Le contesto con ligeros movimientos de cabeza, normalmente afirmando. Ya nos conocemos dentro del agua, llevamos días intensos de buceo y estoy cómoda con él. La tensión del miedo a lo desconocido, a cómo hacerlo, comenzó a transformarse en disfrute y en esperar a lo que nos pueda venir, sabiendo algo el uno del otro. Él observa, yo observo. Sé que está conmigo y no soltará mi grifería sin decírmelo. Ahora no dudo.
Javi me enseña su ordenador. 25 grados es la temperatura del agua. Un regalo para mi cuerpo que responde manteniendo mis músculos relajados y dejándose llevar. Me permite el disfrute del cambio de postura, bailando ligeramente con el agua para darme movimiento. No hay espasmos, no hay dolor, mi silla espera en tierra.
Descendiendo. Dos sonidos nos acompañan, el del regulador cuando necesitamos aire y el de las burbujas en la espiración.El pit 1
¿Por qué 30 metros? Todo lo pasado es ya más de lo que pensé que le tocaba vivir a mi cuerpo inmóvil. Estoy inmersa otra cultura, de contrastes de colores en playas, pueblos y comidas. De olores desconocidos, sabrosos, podridos y embriagadores. De personas nuevas y viejas que me dan anécdotas, sonrisas, realidades. De la historia de los otros y nosotros, tan cebada y malograda, tan real y aleccionante.
Mi silla y sus fantasmas perdían protagonismo, tal vez no para mí, pero sí en el viaje. Convertida casi en un objeto. Estaba buceando a millones y millones de kilómetros de mi tan “útil” cama articulada.
Seguimos descendiendo, juntos, viéndonos unos a otros.
¿Para qué 30 metros?
Capucha, camiseta térmica, neopreno, escarpines, chaleco, casco, ordenador, equipo, botella, agobiante en tierra pero casi imperceptible ahora. 16 metros. Veo mis manos protegidas por guantes que transformamos en manoplas para mí. Mis manos están preparadas para mi señal favorita cuando veo algo que me gusta; un apasionado aplauso marcado por el ligero choque de una sobre otra.
Ya no necesito compensar apenas y mi cuerpo siente este medio como el suyo.El Pit 2
¿Qué puede haber a 30 metros?
La luz no me abandona apenas, la claridad del agua no te permite verla y poder respirar bajo ella te lleva a la inconsciencia de olvidarla.
No puedo distinguir el espacio. Las linternas son acompañantes que ganan protagonismo a cada metro.
Mi cabeza se inclina hacia abajo y mis ojos dejan de creer en cualquier mentira que mi mente les suele contar, para creer en lo que ven: un árbol, una rama enorme, llena a la vez de muchas ramas. Un árbol vivo o muerto. Un árbol. Está rodeado de una niebla blanquecina que lo protege, que parece girar a su alrededor. Un carrusel que poco a poco me rodea a mí también. Giro en la bruma, la luz, no escasa pero oscura, me permite soñar con un paisaje propio del cuento más fantástico, allí, ante mí, yo ante él, a 30 metros, la mejor atracción del Pit.
Quiero quedarme. Qué estoy viendo. Quiero ir más abajo, poder observarlo, explorarlo, que la niebla de azufre me envuelva siempre. Tengo la sensación de estar viajando al centro de la tierra. No pienso en nadie, encuentro un espacio mío, añorado. Estoy sola, no hay análisis, ni conclusiones sobre qué hago o qué soy, sólo está el placer de admirar lo desconocido. Desnuda mi persona ante lo que no conozco, olvido el miedo. La necesidad de protección desaparece y la soledad se disfruta porque fluye un poder más fuerte que la seguridad, el deleite por aquello que no sé soñar, por aquello que no puedo controlar. Estoy a unos 30 metros conmigo misma. Olvido dónde está mi cuerpo y qué puede hacer.El Pit. El árbol
Poco a poco me separo de la nebulosa, con la pena de no poder hacer ese momento eterno y con la alegría de que sólo sea un encuentro instantáneo. En el espacio de aire entre mis gafas y mis ojos hay agua que brota tímida de mis lagrimales y el gas que llega desde mi regulador se topa en mi garganta con un nudo tan placentero que no quiero deshacerlo.
A la misma profundidad que nosotros veo al otro grupo, pequeñitos y lejanos. Ahora percibo el tamaño del enorme agujero, ilusorio y majestuoso, cubierto de agua, protege en el centro de su corazón un árbol en las nubes.
Volviendo en mí o volviendo a perderme, miro el ordenador de buceo. Marca las 12:17, profundidad, 29 metros.

MIL COLORES, CLARIDAD Y AGUAS CALENTITAS: EL CARIBE

“Cada inmersión un mundo. Un subidón. Un juego entre compañeros. Un placer. Un segundo. Un reto. Una imagen. Una oportunidad. Un recuerdo. Un regalo”

Y llegó el final de mi viaje por tierra y casi el principio del viaje submarino.

Dentro del agua no había cansancio, no pensaba si el viaje había sido duro, sí había sido una locura, sinceramente solo podía ser en ese momento muy egoísta y disfrutar del momento, de los colores y formas de los corales y las esponjas, de la infinidad de estrellas de mar, de la sensación de descanso de la silla con la que me muevo, llevada por otro buzo en busca de pececillos que me regalaran su movimiento entre la claridad de las aguas del Caribe.

Cada inmersión un mundo. Un subidón. Un juego entre compañeros. Un placer. Un segundo. Un reto. Una imagen. Una oportunidad. Un recuerdo. Un regalo.

Las sensaciones debajo del agua son un viaje que no sé o no quiero contar, pero dejo unas fotos para compartir con vosotros  un instante de lo inenarrable, poder  estar de nuevo también debajo del agua.

Gracias mamá tierra.

Fantasticas fotos cedidas por Rut Gomez

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PAPA; ¿CUANTO HAY DEL PACÍFICO AL CARIBE?

No puedo seguir contando las experiencias en el buceo, sin contar lo denso que fue el camino desde santa Catalina a bocas del toro. Un viaje que me llevo desde el pacífico hasta el Caribe cruzando una parte de Panamá. Este trayecto fue nuestro particular Canal de Panamá, de un mar a otro, con una ilusión por mi parte: poder conocerlos por dentro, debajo del agua.MAPA-PANAMA

Después de los buceos en Coíba, nos despedidos de Sherly y su cabañita rosa, en la que todo era rosa y nadie podría negar que tenían un encanto muy personal y que Sherly fue todo cariño. Nos montarnos  de nuevo en el coche que ya traíamos alquilado desde Panamá city.

Sin  grandes señalizaciones que nos regalaron el placer de preguntar a los lugareños, todo un deporte comunicativo y de comprensión y algún que otro cambio de sentido, nos dirigimos a Boquete una pequeña ciudad muy cercana a el parque nacional del volcán barú.

reserva forestal de  fortunaLa idea era dormir allí para hacer el viaje de día y al día siguiente continuar hasta Almirante, no era una mala idea no viajar de noche, pero eso convirtió el viaje en un sin fin de subidas y bajadas de maletas, parecía que nunca llegábamos a nuestro destino, casi habíamos olvidado cual era: la isla de Colón, donde me esperaba Rut para comenzar el avanzado y donde yo ayudaría a los nuevos asistentes de buceo adaptado a hacer sus prácticas y a acercarse de primera mano a la diversidad funcional.

A  medida que nos acercábamos a Boquete las temperaturas iban  bajando. Pasamos de ir cocidos y pegados al asiento a llegar a boquete a 16 grados, locos por buscar unos calcetines calentitos para combinarlos con las chanclas. Tardamos 5 horas en llegar.

Inciso sobre diversidad: yo viajaba en el asiento del copiloto al que llegue subiéndome entre dos personas en santa Catalina. Silla plegada en el maletero. No me baje a eso que llaman “estirar las piernas” hasta boquete, dónde mi postura se había escurrido un poco y mis pies habían engordado lo suficiente para olvidar que tenía tobillos. Los  “párate  aquí que me hago pis”, se sustituyeron por ” me meo me meo conecta la bolsa”. Después del viaje a México descubrí la sutileza de viajar con una sonda permanente y vaciar mi vejiga donde quiera sin montar la escena de buscar un sitio donde despatarrarme. Te ahorras muchos suspiros chungos de tus compañeros de viaje.

En Boquete dimos  una vueltecita por una ruta de cafetales. Vimos de lejos el volcán y nos fuimos a dormir. Si salíamos pronto nos daría tiempo a coger el barquito con tiempo. El último salía a las seis de la tarde.reserva forestal la fortuna

Hartos de coche y con el calor de vuelta, soñábamos con las aguas cristalinas del Caribe y el camino solo lo suavizaban  la belleza de los imponentes árboles de la reserva forestal de fortuna. Lo que debían haber sido sólo unas 3 horas de coche, se convirtieron en 6 horas debido a unos piquetes que los indígenas hicieron en la carretera que llevaba a Almirante desde Chiriquí grande, un carretera entre selva media, paralela  a costa caribeña  . Aquellos piquetes contaban mucho de lo que pasa en el mundo y pusieron ante nuestros ojos los problemas de los indígenas de la zona (podéis leer sobre el tema en la entrada titulada “LOS INDIGENAS NGÖBE Y LA REPRESA CHAN 75”).niña Ngobe

Al fin dejamos el coche, después de tantas horas, tantas.

Llegamos a la barquita, íbamos unas 16 personas. Un montón de maletas atrás. Yo en mi silla. Mi cinta agarrando mi cuerpo. Encajada  entre dos filas de bancos fijos sin respaldo. Motor en marcha. Media hora de trayecto.

El barco chocaba con leves olas y un paisaje increíble dejaba ver pequeñas islitas. La sonrisa se nos volvía a marcar y nos adelantaba el paraíso de fauna y flora del archipiélago de bocas. ¿Qué habría en el fondo del mar?

Lo que sí puedo adelantar es que la vuelta fue un placido paseo por las nubes de una hora y media.nubes

EL PACÍFICO PANAMEÑO: BUCEAR EN COIBA EN BUSCA DE TIBURONES

“Sí, ¡los vi! tiburones de aleta blanca y pienso que no se les puede tener miedo cuando los ves moverse con ese son que es puro baile”

playa de Parque Nacional de Coiba

playa de Parque Nacional de Coiba


La ruta empezaba con un deseo; bucear con tiburones en el pacifico. Panamá tuvo el encanto de dejarme ir al pacífico antes de bucear en el Caribe, dos mares muy diferentes en un mismo viaje, un sueño de nuevo.
Después de unas 6 horas de coche desde Panamá city llegamos a Coiba anochecido, en realidad llegamos a Sta.Catalina, un pueblito con mucho encanto desde donde salen las barcas hacia la isla de Coiba.
Coiba, reserva natural en la actualidad, había sido el lugar de ubicación de una cárcel, en la que por lo visto no estaban los presos más tranquilitos, según nos conto a la vuelta, un policía que había trabajado allí, al que recogimos con el coche a modo auto-estopista (siendo policía, no nos negamos cuando nos pidió que le lleváramos), también decía que era zona de tiburones, y que estos se habían comido algún preso que intento huir.
poniendome el neopreno en la barca

poniendome el neopreno en la barca


Que había varias clases de tiburones lo sabía y era la razón de bucear allí, que comían presos, creo que eran historietas de añoranza de tiempos pasados del policía “historias de la mili”.
Cuando llegamos fuimos al centro de buceo para planificar inmersiones y nos dijeron que se había roto la barca en la que íbamos a ir, que impotencia y que desilusión en ese momento, nos ofrecían ir en una barca más pequeña, pero no toda mi gente estaba segura que pudiera ir en esa barquita y mi asistente estaba mala, así que con pena por mi parte no me quedo otra que demorar el buceo.
el equipo en el agua

el equipo en el agua


Con un día de retraso, llego el día del buceo y me cambio la cara, tempranito fuimos a coger la barca. Rut, mi instructora, tenía los equipos preparados, Gema, una buena botella de agua con jabón para poder meterme el traje (invento de nuestra querida Lely, buceadora con 70 años) y Marián, lista para sus prácticas como asistente de adaptado. El agua iba a estar calentita y ya había perdido un día de buceo, por lo que me propuse hacer 2 inmersiones ese mismo día desde la barca, por mucho calor que pasara con el neopreno no todos los días se encuentra uno en el pacífico.
recien salidas del aguita

recien salidas del aguita


Nos subimos a la barca con la ilusión de ver a esos preciados pececitos que dan miedo en las películas, con la ayuda de un equipo fantástico del Panamá Diver Center.
¿Qué como subimos con la silla?, con dos principios: 1; pensábamos subir y 2; un montón de manos amigas panameñas alzaron de varios puntos la silla pasando las primeras olas de la playa y con todo el tacto del mundo, me posaron de lado en la parte trasera de la pequeña barquita, donde tampoco faltaron manos para sujetar la silla durante la hora aproximada de trayecto.
Y más manos cuando llegamos a la Isla de Coiba, aparecieron los guardas forestales para bajarme con la silla como si fuera cleopatra, muertas de risa mis compañeras y yo, eran tantos que la silla se alzaba por encima de sus cabezas, siendo por un momento yo la más alta y pudiendo alucinar con la vegetación de la Isla, su arena y el turquesa del agua de la orilla.
Porque Coiba y las islitas de alrededor son paraísos fuera y dentro del agua.
Tiburón de aleta blanca

Tiburón de aleta blanca


Sí, ¡los vi! tiburones de aleta blanca y pienso que no se les puede tener miedo cuando los ves moverse con ese son que es puro baile, uno de ellos reposaba en el fondo, se veían perfectamente sus branquias, y era simplemente bello. También vimos peces mariposa, morenas o un banco de atunes que nos envolvió, pude experimentar que son de verdad las termoclinas, era increíble como cambiaba la temperatura, ahora en cada buceo aprendo y disfruto más. Fueron 2 grandes inmersiones para estrenar Panamá y el pacifico.
morena

morena


Los tiburones ballena y las mantas rayas, no se dejaron ver, creo que se escondieron para que tenga una escusa para volver, y porque el encanto del mar sigue siendo que nunca sabes que te dejara ver, ni por cuánto tiempo.
Atún,Atún,Atún...

Atún,Atún,Atún…


volviendo de la inmersión

volviendo de la inmersión

Volviendo de Coiba

Volviendo de Coiba

Saliendo de la barca

Saliendo de la barca


Fotos cedidas por: Rut Gomez

Panamá.13 días para estrenar 2013

IMG_1014siempre surge la mano que falta, porque el ser humano es maravilloso, aunque algunos “poderosos” de caras conocidas nos quieran hacer pensar lo contrario

Por qué no,13 días para estrenar el buceo en 2013, con fecha de vuelta el 13. La intención esta clara, bucear, y entre medias descubrir un poquito el País,ponerme morena al estilo usuaria de silla de ruedas “ todo por delante, nada por detrás” y no volver a quemarme los pies, como todos los años en verano.
En principio, la ruta comienza en coche en Panamá capital hasta Santa Catalina donde cogeremos un barco a la isla de Coiba,parque Nacional,y un paraíso de biodiversidad y especies marinas como; el tiburón ballena,multitud de cetáceos, mantas rayas,diferentes especies de tiburones,barreras de coral y un montón de riqueza marina y terrestre que aparece cuando pones coiba en el buscador del ordenador.Despues de la sicotropia que esperó suponga esta zona en el pacífico cogeremos de nuevo el coche para cruzar al Caribe,al archipiélago de Bocas del toro,a Isla Colón, donde se pueden ver por ejemplo; peces loro, peces doncella, arlequin, pez vaca, pez sapo, raya dorada, tiburón nodriza , nudibranquios, gamba payaso, cangrejo araña, langosta….y a unos 30 kilómetros de Costa Rica.
La cosa no pinta mal y se adereza con mi padre,un interesante pesado con quien nunca imagine estar al otro lado del charco, una asistente con dos hermosos ovarios para seguirme en esta locura y una instructora de buceo adaptado, Rut, que tiene muy merecido que diga su nombre,porque le ha puesto mucho trabajo y cariño a este viaje, completando este lindo paquete de locos ( al que me encantaría se sumen otros).
No quiero obviar y no contar como lo vamos a hacer o mejor dicho como lo vamos a intentar, no puedo querer hablar de buceo adaptado y viajes y no plantear como superar las barreras o este blog terminara pareciendo “diversos por el mundo” esa gente que está de puta madre y no les pasa nada malo allá donde se fueron a vivir y yo ya sé que la cosa no va así, que llegar llegaremos pero habrá que inventar como llegar y no siempre nos diremos bonitos. IMG_1011
Vuelvo a contar con un asistente fantástica, con la ayuda de la instructora y con mi padre y su mujer como equipo, al que espero se sumen espontáneos para los momentos visualmente escandalosos como cuando me meto en el agua y comenzamos a pelearnos con las olas a la entrada del agua, la visión debe ser tan intrigante que siempre acuden unas cuantas personas a socorrernos, que se quedan ojiplaticas cuando descubren que no me he ahogado sino que me estaba intentando meter un bañito. Tendremos alguna escenita en el avión, y mi amiga la silla manual, como yo no la puedo mover, se hara la peor enemiga de quien tira de ella porque acaba herniado, si el terreno es un poco hostil.sirena serigrafia
Hemos probado en una zodiac y un barco, el nuevo reto será una barquita caribeña. Y a nivel de buceo, temo al calor combinado con tener que meterme un neopreno, eso da para muchos cuentos,pero esto al fin y al cabo es hablar en base a lo vivido en otros viajes,siempre será más interesante lo que pueda decir a la vuelta, que lo que imagine ahora y podré contar las dificultades que encontremos,que las encontraremos y sobre todo estoy segura que podré volver a decir que mi gente y la gente que conoceré me dejaron sin palabras,hasta ahora poca gente me ha sorprendido para mal, y siempre surge la mano que falta, porque el ser humanó es maravilloso,aunque algunos "poderosos" de caras conocidas nos quieran hacer pensar lo contrario.
Gracias,aunque aún no os conozca.

Fotos cedicas por Rut Gomez.Tazirga buceo

Próxima Estación…Panamá

Los seres humanos somos osados, nos creemos poseedores de todo lo que nos rodea y si los intereses son económicos ni la tierra ni el mar pueden oponerse  panama_canal_map

El canal de Panamá es un claro ejemplo de ello, actualmente une el océano Atlántico con el océano Pacifico por medio de una de obra de ingeniería increíble, utiliza unas esclusas que  jugando con la altura del agua consiguen  igualar el nivel de ambas océanos, levantando los buques más de 25 metros y permitiendo el paso de los barcos de un océano a otro.

Qué bueno sería que con la misma fuerza que nos impulsa a unir dos mares, pudiéramos mover el mundo hacia otra dirección que no sea la que la “globalizada” marea  lleva.

Y que voy a hacer yo ante este sentir; irme a Panamá a bucear.

Sonará a chulería y vacile, pero solo trato de ser sincera, al menos conmigo. No sé si mis viajes y buceos tienen una repercusión más lejos que mi propio goce, o suponen ir contra corriente o surfear la marea.

Me gustaría pensar que sí, claro está, que la experiencia fantástica  que supone para mi bucear en lugares donde no pensé poder llegar nunca con una tetraplejia, de algún modo son movimientos que repercuten en todos, que   lleven a discutir si lo que cada uno elige son oportunidades que cogemos como trenes que no queremos que se escapen, fruto de posibilidades, morro que le ponemos, derecho divino, derecho adquirido o mezcla de todas esas cosas, aderezadas con quien somos.

Así que continúo buscándome en cada viaje. Éste concretamente parece un gustoso cruce de casualidades que me llevaran a encontrarme en el  mismo mes, con la instructora con la que me saque el Open Water  trabajando en Panamá, en un archipiélago llamado Bocas del toro, a unos 40 kilómetros de Costa rica y en pleno Caribe y con mi padre recorriendo Panamá en un viajecito.

Conseguida un asistente con ganas de acompañarme sola en el vuelo, allí nos ayudará mi padre y su mujer, y podre completar el avanzado con una pedazo de instructora.

Ahora que lo veo escrito no son tantas las casualidades, pero no pasa nada, ya si eso me las invento yo y  el 31 de enero salimos dirección Panamá city.

Os dejo un regalo visual y musical, que haría bailar a la cola del paro, solo espero  disfrutar una cuarta parte de lo que lo hacen en el video.